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Opinión
Mafe
Por Adolfo Meisel Roca
www.elespectador.com
MARÍA FERNANDA GÓMEZ ha decidido desafiar el adverso
destino que le trató de imponer el
fenómeno
climático de "La Niña".
Ahora ella vive hacinada
con su familia en uno de los albergues instalados en
Sabanalarga, donde
han ido a parar decenas de damnificados del invierno,
provenientes del corregimiento de Carreto, municipio de
Candelaria, en el sur del departamento del Atlántico.
María
Fernanda, o Mafe como le dicen cariñosamente, sólo tiene
13 años. Sin embargo, ahora los niños más pequeños le
dicen con respeto ‘la Rectora’. La razón es que Mafe
quiso ponerse a hacer algo útil para no aburrirse y
organizó en el albergue un colegio para enseñarles a los
menores todo lo que sabe de aritmética y de
lecto-escritura. Creo que su talante debe ser parecido
al de otra niña que a los 13 años decidió enfrentar el
aburrimiento y la adversidad escribiendo un diario: Anna
Frank.
Me
pregunto si la iniciativa de Mafe les correspondía
haberla pensado y organizado desde los primeros días a
las autoridades designadas para la atención de este
desastre. Hace unas pocas semanas Armando Montenegro
señaló en su columna que la manera como las selecciones
nacionales juegan al fútbol tal vez revela algo de los
rasgos de personalidad de los países: en el caso
colombiano, parecería que la característica más
distintiva es la convicción de que el triunfo es
inalcanzable. Las tribunas de nuestros estadios
enloquecen de alegría cuando empieza el toque-toque del
seleccionado nacional, así no se acerque al gol.
Cabe
preguntarse: ¿En la atención a los damnificados nos
estamos olvidando del gol? Empiezan a percibirse algunos
síntomas preocupantes. La gente se está hastiando de la
espera, las malas condiciones de vida, las largas colas
para la atención, la “danza del indio” entre oficinas
públicas, la falta de acciones elementales como la
organización de la limpieza y su inicio en los sectores
donde ya las aguas han salido. Por ejemplo, en Santa
Lucía, Atlántico, la mayor parte del casco urbano ya
está seco, pero como secuela quedaron cantidades enormes
de culebras que buscan los sapos que proliferaron cuando
se inundó el pueblo. La gente que ha regresado duerme
con temor de las mapanás y cascabeles que se encuentran
por todas partes. Las calles están cubiertas de “taruya”
y basura y no se ha empezado la limpieza. La Alcaldía
despacha desde Barranquilla, que queda a más de una hora
por carretera.
Los
buenos entrenadores deportivos siempre han enfatizado en
la necesidad de concentrarse en lo básico. En la tierra
del toque toque es hora de concentrarse en las
necesidades de los damnificados para atenderlos
adecuadamente. En esa medida es fundamental escucharlos.
Afortunadamente, existe una metodología que serviría
mucho en este caso (y cuya pertinencia no comparto para
el caso de la investigación académica) y es la
Investigación Acción Participativa (IAP), que desarrolló
el sociólogo barranquillero Orlando Fals Borda. Me
parece que es muy útil la IAP para el diseño de
políticas públicas relacionadas con la atención de
desastres, ya que permitiría involucrar a la comunidad
en la resolución de sus problemas. Se usarían así el
talento, los conocimientos y el trabajo de la gente más
interesada en que la atención a los afectados por este
desastre y la posterior reconstrucción sean un éxito.
Con enorme humildad creo que hay que aprender de lo que
está haciendo con inteligencia, alegría y seriedad Mafe,
la rectora ejemplar

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