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Abatido Alfonso Cano, jefe
máximo de las Farc
Así lo
confirmaron altas fuentes
militares, de Policía y el
CTI de la Fiscalía General
de la Nación.
Yo tuve un
amigo llamado Guillermo Sáenz
A Lisandro Duque le dolió la muerte de su viejo amigo,
Guillermo Sáenz: “y no me puedo alegrar por la muerte de
‘Alfonso
Cano’, como tampoco por el linchamiento de Gadafi, por
las fotos de Pablo Escobar o el ahorcamiento de Hussein.
Detesto la muerte”.
Corría el 1969, los
gringos estaban en la luna y había pasado ya un año
desde ‘¡La imaginación al poder!’ del Mayo de París.
Pero acá en Colombia, en los húmedos y verdes jardines
de la Universidad Nacional había un grupo de jóvenes
estudiantes de antropología que querían salvar el mundo
e igual lo hacían con las teorías de Levi Strauss o Marx
como bailando salsa y zampándose aguardiente con vodka.
Entre esos estaban
Lisandro Duque, quien aún no era el reconocido director
de cine que es hoy, y Guillermo Sáenz, quien aún no era
‘Alfonso Cano’: “era un bogotano pequeñoburgués de muy
buenos modales, un tipo cálido, afectuoso, con gran
sentido del humor y sumamente estudioso, un gran lector.
Éramos comunistas, y conocíamos las teorías sociales al
derecho y al revés pero tampoco es que estuviéramos
obsesionados por la política; cantábamos, bailábamos,
nos enamorábamos y mamábamos gallo”.
Ambos hacían parte de la
Juventud Comunista, Juco, “el movimiento estudiantil
estaba en un auge nacional e internacional. Guillermo
era el secretario político de la célula de la Juco en
nuestra carrera. Era muy riguroso en el ordenamiento de
la discusión, y a veces se ponía severo, exigente en
cuanto a la profundidad de las propuestas, pero debo
suponer que casi todos éramos así, teníamos veintipico
de años, nadie podía suponer el desenlace posterior".
Duque, quien vivía en una
pensión estudiantil en la capital, pues venía de
Sevilla, Valle del Cauca, estudiaba antropología porque
"es la ciencia madre de las ciencias sociales y la
conciencia me dictaba estudiarla, y no me arrepiento, y
lo que me ha servido para hacer cine...". Sáenz, por su
parte, jugaba de local, vivía en los cómodos barrios de
Chapinero y Usaquén. Los días entonces transcurrían
entre los libros, los cigarrillos, las excursiones a San
Agustín o Tierradentro, "las conversaciones de un
intelectualismo posiblemente fastididoso" y las fiestas.
El sitio de reunión era al
frente de la universidad, en la casa de Jaime Caicedo
-hoy Secretario General del Partido Comunista-, "y
éramos excluyentes, no por comunistas sino por
antropólogos. Era un grupo reducido. Nos encantaba el
fenómeno de la Revolución Cubana, que fue sobre todo un
fenómeno cultural. Y Guillermo era buen bailarín de
salsa, pero también escuchábamos la nueva trova, a
Atahualpa Yupanqui y a Silvio Rodríguez, y oíamos cantar
tangos lunfardos a Jaime, que es un gran cantante. Los
de la línea Moscú estábamos obligados a tomar vodka: lo
hacíamos con una adhesión militante".
Con las mujeres,
"Guillermo no era un 'tumbalocas', más bien se volvía
como el confidente, y sabía hablarles".
Nos gustaba ir presos. A
Sáenz lo cogieron preso en la cárcel Distrital, durante
seis meses, en 1970, "por actividades de agitación junto
a Leonardo posada (congresista de la Unión Patriótica
asesinado en 1986) y Moris Ackerman (activista y
empresario). Los domingos los visitábamos y armábamos
una tertulia en la cárcel muy agradable. A todos nos
hubiera gustado estar presos".
A Duque lo retuvieron un
día, de 9 de la mañana a 9 de la noche, hasta que pudo
comprobar que él era sólo el director del periódico
'Rojo' de la Juco, y que no era ningún guerrillero. En
medio del interrogatorio, el oficial le ofreció un
Marlboro y él lo aceptó. Acto seguido, el uniformado le
dijo que no sabía que los comunistas fumaban cigarrillos
imperialistas y él le respondió que lo que querían los
comunistas es que todos pudieran fumar Marlboro.
"En 1972, saliendo del
apartamento, me percaté de que una camioneta del DAS me
estaba siguiendo. Me les logré perder montándome en un
bus y me fui al apartamento de Guillermo, en el cuarto
piso de un edificio en la carrera quinta con calle 23,
en el centro de la ciudad. Él me escondió allí durante
dos o tres días. Me tiró una colchoneta en la sala y
listo. Él vivía entonces con su esposa y su pequeño
hijo. Todavía paso por ahí y me acuerdo. Nunca había
contado esto antes y creo que muy poca gente sabe que
Guillermo vivió ahí".
En 1973, cuando estaba a
punto de terminar la carrera, a Duque lo echaron de la
Universidad Nacional "por revoltoso" junto con otros 150
estudiantes, entre ellos Ackerman y Posada. Desde
entonces dejó de verse con Sáenz.
Sin embargo, sabía de él
por amigos comunes que le contaban que a finales de los
setenta y comienzos de los ochenta "Guillermo estaba muy
metido en el tema de la solidaridad con el movimiento
sandinista, y empezaba a evidenciar algo que yo nunca le
calculé, porque el Guillermo que yo conocí no me daba el
perfil de quien alguna vez llegaría a convertirse en un
guerrillero, porque era un tipo muy urbano, y por eso me
sorprendió cuando supe que se había involucrado en las
Farc".
La última vez que lo vio
fue en 1982: "nos encontramos en los juzgados de
Paloquemao, y le pregunté qué hacía por ahí y me dijo
que estaba pendiente de un asunto con un juez. Pero no
hablamos más de eso, porque en la organización cuando un
compañero se involucraba en actividades clandestinas, y
uno se enteraba, no preguntaba, porque había una
respuesta clásica: eso no es necesario para su trabajo,
compañero. Así que hablamos de la película que estaba
haciendo yo entonces 'El Escarabajo'".
Duque siempre ha creído
que a Sáenz "debió de darle muy duro irse a la
guerrilla, porque no era un hombre de faenas fuertes de
orden físico, no era un agitador de masas; era un
proveedor de insumos teóricos para justificar una
determinada línea política. Yo, por ejemplo, nunca me
fui al monte porque siempre he sido un cobarde en cuanto
a la confrontación bélica y me gusta más andar en carro
que caminar. Además, yo estaba enamorado del arte, del
cine y la literatura".
La decisión de Sáenz de
irse a las Farc, según Duque, "habría que
contextualizarla en la época, porque la intelectualidad
de izquierda de las universidades aportó muchos cuadros
a la guerrilla. El movimiento armado se tenía como la
forma más alta de lucha, porque era la instancia en
donde se jugaba la vida, estaba nimbado por un aura
heroica, y fue en ese momento en que Guillermo se fue y
se volvió 'Alfonso Cano', pero esa es otra historia. Y a
la guerrilla se entra, pero la vía del regreso es casi
imposible".
Deben negociar
"Cuando las
desmovilizaciones del M-19, EPL y Quintín Lame, empezó
el movimiento armado a perder esa hegemonía espiritual,
ese poder de atracción, ya no creíamos que la única
manera de vencer a la oligarquía eran las armas. Luego,
cuando se dio el exterminio de la Unión Patriótica, se
reforzó la tendencia a irse al monte, porque había
vulnerabilidad, porque la oligarquía colombiana no
perdona el pasado. A Petro todavía le cobran el haber
sido un guerrillero que nunca estuvo en combate. Ahora,
las Farc tienen que negociar, pero primero deben soltar
los secuestrados y dejar de usar cilindros y minas
quiebrapatas".
Por Tomás Betín del Río
Fotografia de: Johnny Hoyos
Bogotá.
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