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Columna: Reflector Mundial

El poder
mediático de EE.UU.
Ignacio Pareja Amador
Independientemente de las tensiones políticas, los
costos económicos directos e indirectos que
generan,
la incertidumbre que propician a nivel de la ciudadanía,
los conflictos y las tensiones internacionales tienen
una mayor cualidad globalizada en el ámbito de la comunicación,
en comparación con la incidencia o transformaciones
directas que puedan tener a nivel interno.
Pese a
que el mundo es más pequeño en términos de vías de
comunicación y costo-tiempo para acercar a hombres,
mujeres y productos entre ellos, nos damos cuenta que
los conflictos no se expanden mas allá de las regiones,
que aún las intenciones internacionales de los países
siguen segmentadas en temas de mera cooperación, es así
que la política exterior pasa a ser un interés
secundario ante el dominio inminente del quehacer
interno.
Vale en
este espacio hacer la aclaración que cuando acontece
algún desentendido entre dos naciones, son los gobiernos
los que tratan de defender las causas con sus
respectivos argumentos, los que en “el deber ser”
propiciarán mejores condiciones para sus gobernados,
quienes dan sustento y legitimidad de sus acciones
voluntaria e involuntariamente.
Por
ejemplo, estamos seguros que el pueblo iraní no odia
realmente a los ciudadanos norteamericanos, sino que es
el gobierno de Irán el que tiene choques con los líderes
de Occidente y viceversa, no con sus pueblos.
El odio
acérrimo o a muerte entre dos naciones alberga complejas
situaciones longevas, situadas propiamente en la
historia de los pueblos, mas que en confrontaciones por
el actuar presente de dos comunidades.
Que
quede claro que EE.UU. no es simplemente la Casa Blanca
o el Capitolio, o las empresas que se dice se alían con
el gobierno en acciones de política exterior de corte
realista, donde la guerra o el enfrentamiento bélico es
una herramienta para justificar los fines económicos.
No,
EE.UU. es una nación enorme, mixta, cuyos habitantes son
también presas de los intereses de los gobiernos y los
emporios económicos como las mismas empresas, que han
portado la bandera norteamericana por el mundo en un
sentido de conquista, quienes después de la Segunda
Guerra Mundial mostraron realmente sus intenciones de
ampliar su mercado hasta donde la influencia
estadunidense lo permitiese o procurara, una tarea que
alcanzaron y que las tiene en una cómoda situación de
lucro a lo largo del globo.
Como en
la mayoría de países del mundo, en Norteamérica son los
actores económicos los que determinan el interés
nacional, o sea cuales serán las estrategias, las
acciones y los objetivos del Estado tanto en materia de
política interna como internacional. Para ello cuentan
con el apoyo de amplios equipos académicos y logísticos
(Think tanks) para justificar sus acciones, las cuales
van siempre más allá del territorio nacional.
2012
será un año electoral en aquel país, la maquinaria
mediática electoral concentrara sus esfuerzos en
convencer al electorado sobre las acciones de gobierno,
resaltará las que considera son las mejores políticas y
tratara de justificar aquellas que no se conciben como
las optimas, pero que son necesarias para la continuidad
de la presencia norteamericana en el mundo.
La
particularidad en las mismas se centra en el peso de la
política exterior: Al ser EE.UU. la única superpotencia
su interés nacional rebasa enormemente sus delimitación
territorial, su interés nacional se funde con el global.
Ello da la pauta para explicar la intervención en Irak,
la derogación del régimen de Sadam Husein y la
imposición del Primer Ministro Nuri al-Maliki, político
chiita que más que lograr un gobierno de coalición, ha
fragmentado a aquel país árabe en un intento por
monopolizar el poder, basándose en acusaciones contra
los lideres sunitas y kurdos, con quienes debería
compartirlo.
Lo
vemos también en Irán, país cuyo programa nuclear ha
generado amplias sospechas no sólo por parte de EE.UU.,
sino del resto de los países de Occidente. Sin duda
alguna en este asunto hay un interés oculto, quizás no
sabremos para este año si el mismo huele a petróleo o a
uranio, pero sin lugar a dudas el tema encabeza la
agenda de Washington y por lo menos de Moscú también.
Aun así
el contexto interno mantiene su importancia en el coloso
del norte y más en año electoral, por eso tener un
enemigo, incluso generar tensión y sospecha, dan fuerza
al interior. Le permite ampliar su zona de influencia,
obtener legitimidad, abrir mercados y conseguir
recursos. Siempre para que haya un héroe debe haber un
villano, si no existe hay que crearlo y el país más
poderoso del mundo es también el mayor experto en
producciones mediáticas.
Twitter:
@ignacioamador
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