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Las crisis
se pueden convertir en oportunidades
Cómo Colombia puede reinventarse a partir de la crisis
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Detrás de la tragedia invernal, que ha
dejado millones de damnificados y va a costar más de
cinco billones de pesos, se abre una gran posibilidad
para reconstruir el país.
Colombia está viviendo una
de las peores tragedias naturales de su historia. La ola
invernal ha dejado cerca
de
dos millones de damnificados, 230 muertos, 103
desaparecidos y 374.000 hogares afectados. Ya van
276.000 viviendas entre averiadas y destruidas, más de
220.000 hectáreas de cultivos están bajo el agua y
40.000 reses han muerto, mientras que dos millones han
tenido que ser desplazadas a partes altas. Tres
importantes distritos de riego están seriamente
afectados y 186 vías nacionales impactadas, de las
cuales 45 están cerradas totalmente. De los 32
departamentos, 28 tienen alguna afectación en un total
de 265 municipios.
Las
cifras son realmente dramáticas y muestran en toda su
magnitud la tragedia que conmueve al país y al mundo
entero. Pero más allá de este dramático episodio, lo que
pocos saben es que la emergencia está abriendo una
oportunidad única para reconstruir el país. El plan
de emergencia que ha diseñado el gobierno del presidente
Juan Manuel Santos puede convertirse en el punto de
partida para que Colombia dé un gran salto hacia el
progreso.
Este tipo de episodios lamentables han sido, a lo largo
de la historia reciente, el punto de partida de grandes
proyectos. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra
Mundial, que destruyó a Europa, el Plan Marshall
impulsado por Estados Unidos permitió reconstruir los
países afectados. En las dos décadas siguientes, la
economía de todos, con excepción de la República Federal
de Alemania, superó los niveles anteriores a la guerra,
y Europa Occidental alcanzó un crecimiento y una
prosperidad sin precedentes.
Igualmente ocurrió tras la crisis de la Bolsa de Nueva
York en 1929, que dio inicio a una larga y profunda
depresión que dejó cerca de 30 millones de desempleados.
El presidente Franklin Delano Roosevelt puso en marcha
el llamado New Deal, para reactivar la economía. Como
resultado de todas las medidas que se tomaron, la
actividad económica se recuperó.
Un ejemplo más cercano lo tiene Colombia con el
terremoto del Eje Cafetero en 1999, que dejó 1.185
muertos, más de 550.000 damnificados y 100.000 inmuebles
afectados. El gobierno del entonces presidente Andrés
Pastrana puso en marcha un modelo de reconstrucción que
en un tiempo récord de tres años generó las bases para
reemprender el desarrollo en la región.
Pues bien, Colombia ahora tiene nuevamente la
oportunidad de hacer de esta crisis una ventana de
oportunidad para dar un cambio y corregir muchos errores
del pasado. El presidente Juan Manuel Santos sabe que
tiene ese enorme reto entre sus manos, y por ello el
plan que se ha diseñado para atender la emergencia busca
ir más allá de mitigar el impacto del invierno y aliviar
a los damnificados.
Todo el equipo del gobierno está trabajando en función
de la emergencia. Según el ministro del Interior, Germán
Vargas Lleras, la orden del presidente Santos es darles
prioridad a los damnificados de la tragedia y planear la
rehabilitación y reconstrucción del país. Esto significa
que todos los funcionarios en todas las dependencias del
Estado estarán concentrados de tiempo completo en
recuperar el país.
El plan es una combinación de distintas acciones y está
dividido en tres fases: la tarea humanitaria, las
acciones de rehabilitación y, finalmente, la
reconstrucción. Las dos primeras etapas están enfocadas
en darles alimentación, atención de salud y techo a los
cerca de dos millones de damnificados repartidos a lo
largo y ancho del país y en poner en funcionamiento la
infraestructura, como carreteras y puentes que se
averiaron, que están impidiendo la movilización y en
algunas zonas están ahondando la tragedia.
En la fase humanitaria se calcula que se requerirán
200.000 millones de pesos mensuales para mercados,
reubicación y traslado de personas, alquiler de
viviendas, compras de plásticos y techos de propileno y
brigadas de salud, entre otros.
En cuanto a las acciones de rehabilitación, son
ciertamente complejas por la magnitud de los daños,
especialmente en el sector de la infraestructura. En
esta fase, la prioridad es despejar vías que están
afectadas por deslizamiento de tierras y dar paso, así
sea parcial, para movilizar maquinarias y permitir el
tránsito de camiones que van hacia los puertos. En este
momento se trabaja en reparar algunos puentes, como el
de Cuatro Bocas, en el Cesar, que fue destruido por la
fuerza del agua. El paso por esta vía que conduce al
centro del país lleva más de 20 días interrumpido.
Otra gran prioridad es taponar el boquete de 220 metros
que dejó el rompimiento del Canal del Dique, en el sur
del Atlántico. Por este hueco están pasando 1.400 metros
cúbicos de agua, un caudal que supera el del río Cauca y
que está empeorando las ya gravísimas condiciones de la
región por las inundaciones provocadas por las aguas del
río Magdalena. En este momento, el Ministerio de
Transporte está coordinando labores para cerrar la
brecha. El gobierno pedirá ayuda al gobierno de Estados
Unidos para que facilite equipos que permitan acelerar
las labores.
El ministro de Transporte, Germán Cardona, calcula que
en esta etapa de atención de la red primaria nacional,
para ponerla en orden y en funcionamiento, se requerirán
200.000 millones de pesos.
En materia de casas también hay prioridades. La ministra
de Vivienda, Beatriz Uribe, estima que se necesitan con
urgencia, para reubicar hogares, 55.000 soluciones
urbanas. Esto demandará inversiones por 1,5 billones de
pesos, recursos que saldrán, en parte, de lo que esta
cartera tenía presupuestado para el próximo año. También
se están atendiendo daños en acueductos y
alcantarillados.
Si en algún sector la ola invernal ha dejado desastres y
hay urgencias que atender es en el agropecuario. Se
calcula que se han dejado de producir más de 400.000
toneladas de alimentos. Gran parte de la infraestructura
agropecuaria se ha afectado, entre ella tres importantes
distritos de riego localizados en Norte de Santander,
Valle del Cauca y el sur del Atlántico. Varias
carreteras veredales que van a las fincas productoras se
encuentran bloqueadas, lo que impide sacar la
producción.
Los ganaderos no la pasan mejor. Un millón de hectáreas
donde pastaban animales se perdieron del todo y hay
otros tres millones con algún grado de inundación. El
presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, estima que
por lo menos un semestre tardarán los pastos en
recuperarse y esto, calcula, costará un billón de pesos.
Así, entre lo que han dejado de recibir los agricultores
por daños totales de cultivos, muerte de ganado, baja en
la producción de leche (se han perdido unos cuatro
millones de litros) y carne y por averías de la
infraestructura agropecuaria, las pérdidas se acercan a
los dos billones de pesos en este sector.
Para el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo,
la mayor urgencia en este momento es la atención
fitosanitaria. La aparición de plagas es una
consecuencia fatal que dejan la humedad y las lluvias.
En el caso del café hay una gran angustia por la
propagación de la roya, pero también se extienden plagas
en el cacao, las flores y otros cultivos.
Aunque el gobierno todavía no ha cuantificado las
pérdidas totales dejadas por esta ola invernal, cifras
preliminares indican que se necesitarán unos cuatro
billones de pesos para atender las dos primeras fases.
Por ahora, el gobierno cuenta con un billón de pesos de
recursos que salen del Presupuesto Nacional y de un
crédito por 150 millones de dólares del Banco Mundial.
Según el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echaverry,
están haciendo un barrido por las diversas carteras para
pasar a la Tesorería recursos que no alcanzarán a
ejecutar, para usarlos. En la medida en que se
contabilicen estas sumas se sabrá con mayor certeza con
cuánto más dispone el gobierno para atender la
emergencia. Lo cierto es que se trata de una suma nada
despreciable: es casi un punto del PIB.
Aunque los colombianos han hecho donaciones muy
importantes a través de Colombia Humanitaria (ver
recuadro), la plata no alcanzará.
Por eso el gobierno, amparado en las facultades que le
da el Estado de excepción, estudia tres fuentes de
recursos. Crédito externo, básicamente con la banca
multilateral: el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID) aprobó un préstamo por 350 millones de dólares. Se
evalúa vender algunos activos, como el 10 por ciento de
Ecopetrol o la parte que tiene el Estado en Isagén, pero
nada de esto se ha definido. Y finalmente se contemplan
nuevos impuestos: el equipo económico está estudiando
con detenimiento cuál vía podría ser la más conveniente
en las actuales circunstancias.
Parte de los recursos se necesitan en el corto plazo,
pero la verdadera inversión vendrá hacia el mediano y
largo plazo, cuando se emprenda la tercera fase, de
reconstrucción del país.
De la tragedia a la prosperidad
Sin duda, atender oportunamente a los dos
millones de damnificados les impone un gran desafío a la
capacidad y la eficiencia del gobierno. Pero donde
realmente se la jugará Santos es en la reconstrucción y
en la forma como sacará provecho de esta crisis, para el
futuro del país.
El propósito del gobierno es que la etapa de
reconstrucción se convierta en el punto de partida para
hacer cambios profundos y que las acciones que se
emprendan sean definitivas para que esto no vuelva a
ocurrir.
Por ejemplo, según el Ministro de Transporte, en
infraestructura el país no se puede volver a dar el lujo
de tener carreteras que se interrumpen año tras año
cuando llega la temporada de invierno. "No puede ser que
la vía Manizales-Mariquita, o Bucaramanga-Cúcuta, o que
la llamada carretera de la Prosperidad, en Magdalena, o
la vía Las Palmas, en Medellín, se cierren cada vez que
hay un aguacero". Esta es la hora de pensar en grande,
dice, de hacer túneles, viaductos y una infraestructura
que permita que las mercancías lleguen a los puertos, y
no más vías que se abren y se cierran como si fueran un
ascensor. Ahora bien, eso cuesta. Según Cardona, en los
próximos cuatro años, para emprender algunas de las
obras que necesita el país se requerirán unos seis
billones de pesos.
Aprovechando esta tragedia, en el marco de la
declaratoria de desastre, el gobierno planea tomar una
serie de medidas que le permitan acelerar procesos que
en el pasado han frenado el desarrollo, como la
habilitación de suelos. La ministra de Vivienda y Medio
Ambiente, Beatriz Uribe, cree que es necesario facultar
al gobierno para adoptar macroproyectos de interés
social en los municipios donde se requiera la
participación de la Nación para desarrollar grandes
obras de vivienda. Para esto hay que agilizar trámites
de toda clase, como la propia expropiación de predios.
Uno de los temas claves que por primera vez Colombia
atenderá con seriedad es el del medio ambiente. En esta
época de invierno ha quedado al descubierto el maltrato
a la naturaleza. En la zona bananera del Magdalena, la
deforestación pasó factura de cobro. La erosión y la
sedimentación de los ríos que recorren la zona
interrumpieron el curso natural de los caudales que van
hacia el mar, y con las estrepitosas lluvias que han
caído, se inundó todo.
En materia ambiental, en donde hay una gran
preocupación, todos los ministros coinciden en que habrá
que dar un gran debate sobre el papel de las
Corporaciones Autónomas Regionales, que se crearon hace
20 años pero que con esta ola invernal han mostrado que
no han sido eficientes en su labor y muchos incluso las
culpan del desastre que está viviendo el país.
Igualmente, Colombia está en mora de hacer cumplir las
normas que prohíben los asentamientos humanos y la
construcción de viviendas en zonas de alto riesgo, pues
tragedias como la ocurrida en el municipio de Bello, que
dejó más de 100 muertos, no deberían repetirse.
Vista la dimensión del drama y los recursos que se
necesitarán para recuperar lo perdido, surge la gran
preocupación por el impacto que tendrá sobre la economía
y las expectativas de crecimiento que tenía el país.
Sin embargo, parece irónico, pero el efecto podría ser
contrario. Dada la cantidad de obras que hay que
emprender, esta recuperación podría convertirse en otra
locomotora que mueva la economía el próximo año. El
gasto público y privado que habrá que realizar impulsará
muchas actividades económicas, incluida la generación de
empleo.
Para muchos expertos no hay duda de que esta tragedia
golpeará al sector agropecuario, pero eso no cambiará
los pronósticos de crecimiento para el año entrante. Ese
sector ha venido creciendo muy poco en los últimos siete
y ocho años y pesa cada vez menos en el PIB total. Los
analistas piensan que golpeará transitoriamente los
precios de los alimentos durante unos meses, pero la
inflación terminará 2011 en niveles alrededor del 3 por
ciento.
Lo que sí es definitivo es que el gobierno no se puede
equivocar, pero tampoco se podrá tomar demasiado tiempo
para poner en marcha las obras. El país le ha dado un
voto de confianza al presidente Santos, quien alcanza
una popularidad del 90 por ciento, pero con cerca de dos
millones de personas esperando techo, comida y en muchos
casos ser reubicados, la confianza se puede perder
fácilmente si no llega pronto la atención del Estado, y
de manera eficiente. No hay que olvidar que, aunque en
algunas zonas del país ha disminuido la intensidad de
las lluvias, el fenómeno de La Niña irá hasta mayo de
2011. Esto significa que en el centro del país
coincidirá con la temporada de lluvias, y, como dice
Ricardo Lozano, director del Ideam, no se pueden
descartar eventos de inundaciones en abril, como los que
se presentaron en noviembre y en los primeros días de
diciembre.
Así las cosas, si el gobierno se la juega bien y
enfrenta esta emergencia pensando estratégicamente en el
futuro, el camino hacia la prosperidad que prometió el
presidente Santos no se vería tan lejano.
Las crisis
se pueden convertir en oportunidades
El secretario
de Estado de Estados Unidos George C.
Marshall lanzó la estrategia para combatir
el “hambre, la pobreza, la desesperación y
el caos” en la posguerra. El ‘Plan Marshall’
reconstruyó a Europa Occidental. |
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En 1999, un terremoto destruyó el Eje
Cafetero. Armenia fue la capital más
afectada. El gobierno puso en marcha un
modelo de reconstrucción que logró que, en
un tiempo récord de tres años, la región
recupera la senda del desarrollo. |
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La tragedia
invernal se reflejó con crudeza en Medellín,
donde más de 100 personas murieron en Bello. |
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El ministro de
Hacienda, Juan Carlos Echeverry, no revisará
la meta de crecimiento, a pesar de las
pérdidas por la ola invernal. Por el
contrario, las obras de reconstrucción serán
dinamizadoras y generadoras de empleo.
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El ministro de
Transporte, Germán Cardona, tiene el reto de
recuperar la infraestructura dañada. El
primer desafío es la reparación del Canal
del Dique, tarea que podrá tomar mucho
tiempo.
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