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Sabanalarga en la mira
Por Ismael Álvarez Caballero
Lo que podría ser un fenómeno a escala de la Región Caribe inició por Sabanalarga, donde –según el Gerente de Colombia
Humanitaria- la Contraloría General le solicitó a la administración local un informe detallado porque se han encontrado debilidades técnicas en el proceso de ejecución de algunos proyectos, así como costos unitarios por encima del mercado. Al parecer son tres (3) los contratos que observan estas irregularidades.
Justicia y Caridad
Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada después con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad – la limosna – serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, haría falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten ya las obras de caridad. Se debe reconocer que en esta argumentación hay algo de verdad, pero también bastantes errores. Es cierto que una norma fundamental del estado debe ser perseguir la justicia y que el objetivo de un orden social justo en garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiaridad, su parte de los bienes comunes. Eso es lo que ha subrayado también la doctrina cristiana sobre el estado y la doctrina social de la iglesia.
Un estado sin justicia es una banda de ladrones
Para definir con más precisión la relación entre el compromiso necesario por la justicia y el servicio de la caridad, hay que tener en cuenta dos situaciones de hechos:
El orden justo de la sociedad y el estado es una tarea principal de la política. Un estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones, dijo una vez Agustín.
La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: Su origen y su meta están precisamente en la justicia, y esta es de naturaleza ética. Así, pues, el estado se encuentra inevitablemente de hecho ante la cuestión de cómo realizar la justicia aquí y ahora. Pero esta pregunta presupone otra más radical: ¿Qué es la Justicia? Este es un problema que concierne a la razón práctica; pero para llevar a cabo rectamente su función, la razón a de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbra, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente.
Un aporte de la primera encíclica del Papa Benedicto XVI “Deus caritas Est” mi Dios es amor- 25 de Enero del 2006.

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