Sabanalarga - Atlántico - Colombia
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XXI
Un Periódico con
identidad, con una misión y una visión.
Semana
Santa en Sabanalarga, escenificación del Flagelado de
Jesús.
La flagelación en sí no fue un castigo exclusivo para
Jesús. Lo mandaba la ley. La flagelación era un
preámbulo legal a toda ejecución. Había una excepción:
los ciudadanos romanos condenados a decapitación no eran
flagelados, sino fustigados con la fusta. Esto se hacía,
según Tito Livio, en el mismo lugar del suplicio,
inmediatamente antes de la decapitación.
Los condenados a
crucifixión eran flagelados habitualmente durante el
trayecto que había entre el lugar donde se dictaba la
sentencia y el del suplicio. Muy raro, como en el caso
de Jesús, que se llevara a cabo en las dependencias del
tribunal. Esto sólo se hacía en los casos en que la
flagelación era sustitutiva de la pena capital. El caso
de Jesús fue raro. Su flagelación no fue la legal que
precedía a toda ejecución y que se daba en el trayecto,
camino del suplicio, sino que constituyó un castigo
especial, como veremos. Esto exige dos explicaciones:
cuándo le flagelaron y el porqué Mateo y Marcos no nos
dicen ni cuándo ni el porqué, sólo constatan el hecho:
"Y habiendo hecho flagelar a Jesús, lo entregó (Pilato)
para que lo crucificaran".
Lucas es más explícito, y
cuando está explicando los esfuerzos de Pilato para
salvar a Jesús, al final nos cita una frase del
Prefecto: "Le castigaré y luego le soltaré". Ya
vislumbramos algo. Juan nos afirma que Jesús fue
flagelado durante los juicios de Pilato. Ya tenemos el
cuándo. Veamos ahora el porqué:
Pilato juzga que la
primera acusación hecha a Jesús ("Se ha hecho Hijo de
Dios y según nuestra ley debe morir" no caía bajo la ley
romana. Era cuestión religiosa y la Justicia romana no
actuaba en estos casos para dirimirla. Por lo que
consideró a Jesús inocente: "No encuentro en él, causa
alguna de condenación".
Tras una deliberación de
los judíos, éstos hacen una segunda acusación que sí
entraba dentro de la Lex Julia: (Había permitido ser
aclamado Hijo de David que según ellos iba a ser su
rey). Quería hacerse rey y esto iba contra el Emperador.
Pilato tiene obligación de atender esta acusación.
Pilato pregunta a Jesús sobre su realeza y, no sacando
nada en claro, lo considera de nuevo inocente.
Enterado de la estancia de
Herodes en Jerusalén y siendo Jesús su súbdito, Pilato
se lo envía a ver si le resuelve el problema. No es así
y Pilato en el tercer juicio dice a los judíos: "Ni
Herodes ni yo encontramos en él causa alguna de muerte".
Después de los fracasos
anteriores, Pilato equipara a Jesús con un criminal y
ladrón, con Barrabás. La propuesta era, a quién de los
dos querían que les soltase. La plebe prefiere a
Barrabás, a la vez que grita que Jesús sea crucificado.
Ante las decepciones
anteriores, Pilato decidió dar a Jesús un sustitutivo de
la pena capital, para acallar al pueblo: "Le castigaré y
luego le soltare". Después de este episodio, es cuando
Jesús es flagelado y viene el hecho del ECCE HOMO.
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Ecce Homo
(frase latina que se traduce: este es el hombre o he
aquí el hombre), traducción que aparece en la Vulgata de
la frase griega
ἰδοὺὁἄνθρωπος.
Se trata, según el Evangelio de Juan (19.5), de las
palabras pronunciadas por el gobernador romano
Poncio Pilato cuando presentó a Jesús de Nazaret
(flagelado, atado y con la corona de espinas) ante la
muchedumbre hostil con el objeto de conocer su veredicto
final sobre su persona, pues por su parte no veía claro
un motivo de condena.
En tanto que la frase
evangélica está vinculada a una imagen física de
deterioro (la de Jesús tras ser flagelado), en la
actualidad la frase se utiliza en el lenguaje usual con
el sentido de físicamente maltrecho; esto es, en
enunciados como «vino hecho un eccehomo» se entiende que
la persona a la que se hace referencia presenta una
imagen física llena de heridas, magulladuras, etc.
En
arte suele llamarse Ecce Homo a las representaciones de
Jesús cuando está sufriendo