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Sus 10 lecciones empresariales

Aquellos que recuerdan a Julio Mario Santo Domingo lo hacen con la idea de que no solo era un gran empresario, sino que era un maestro en lo que hacía.

Este hombre deja imborrables lecciones tanto de vida como en el sector empresarial. Todas estas son recordadas por los que tuvieron la oportunidad de conocerlo, de conversar con él, pero sobre todo, de escucharlo con atención para no dejar ir algún consejo o lección.

Hoy tratamos de entregarles las diez lecciones que Santo Domingo dejó a todos los que lo han visto como un referente de hombre de negocios.

Y aunque es eminentemente recordado como un empresario exitoso, también se sabe que era un hombre de poder, es decir, un individuo que tenía claro que era importante tener un respaldo del gobierno de turno.

Sumado a esto, deja en la memoria de los colombianos su intención de compartir su riqueza y de hacer país. Así lo reflejan sus donaciones como la de la Biblioteca que lleva su nombre, y que es considerada una de sus grandes obras sociales. La República.

1. El mercado lo define el empresario
Pasó de ser un empleado local a convertirse en el zar de la cerveza en el mundo. Empezar con lo local y establecer unas bases fuertes como lo logró con su cervecería, le propició la oportunidad de seguir invirtiendo en otros negocios. Desde pequeño siguió el ejemplo de su padre don Mario hasta lograr la conformación del grupo económico mas importante de Colombia.

Él mismo vio el mercado que debía alcanzar. Con cada éxito fue adquiriendo otras cervezas colombianas, como la Leona y tener empresas en Ecuador, Panamá, Venezuela y Perú. A la vez, su fuerza y determinación como empresario y su compañía Bavaria le sirvieron como apalancamiento para convertirse en dueño de una parte de una de las cerveceras más importantes del planeta, SABMiller.

2. El Estado es el principio
Este empresario sabía lo importante de tener no solo el respaldo de los presidentes de turno sino de darles una mano hasta en los momentos más difíciles. En su vida laboral se vio inmerso en las circunstancias económicas del país, desde crisis, abundancias y grandes cambios económicos como la apertura de los años noventa entre otros.

Pero su estrategia y visión del negocio le permitió reconocer que en las buenas y en las malas, un empresario de esta talla debía estar apoyando a los presidentes así fueran los más controvertidos o los más aceptados por la comunidad, este ha sido una de sus enseñanzas y un factor decisivo para seguir creciendo en el país, no solo como un talentoso empresario sino también como un visionario social, cualidades que se demuestran con su trayectoria.

3. La imagen abre las puertas
Su filosofía de vida lo llevaba no solamente a ser un estratega importante en el mundo empresarial, sino a tener una personalidad arrolladora, inclusive en su apariencia. Esa elegancia, que lo caracterizaba, lo llevó a relacionarse con la élite empresarial, política y del Jet Set nacional e internacional.

Era amigo de los príncipes de Mónaco, entre otras personalidades. Su elegancia en el estilo de vida le abrió las puertas a empresas en las que invirtió y de las cuales, recibió sumas importantes al ser vendidas. En los periódicos y revistas lo describían como un dandy, siempre elegante. Se le veía con chaquetas estilo inglés y en una ocasión lo reveló, algunas de ellas eran Savile Row​. En fotografías del pasado, aparece siempre vistiendo de blanco y no le podía faltar un pañuelo de bolsillo.

4. Los mercados están más allá
Los mercados están más allá, tanto en tiempo como en el espacio. El magnate fue pionero en comprar empresas más allá de las fronteras nacionales. Esa es la principal lección que Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi , recuerda: “Las fronteras del mercado no son las fronteras del país”. Villegas rememora que fue Santo Domingo quien, cuando era embajador en China, adquirió la casa que hoy es sede de la embajada en Pekín. Por esos días se le escuchaba insistir a los que lo conocían que ese era el país donde iban a pasar las cosas más importantes en el futuro y que Colombia debería entrar desde temprano en su mercado. De eso hace más de treinta años. He aquí una demostración de la visión tanto espacial como temporal de Julio”.

5. Todo puede ser un buen negocio
Ningún sector de la economía fue ajeno ni extraño a sus inversiones. La intención del segundo empresario más rico de Colombia fue siempre invertir y consolidar las marcas en las que puso su dinero. Así, logró valorizar sus inversiones que resultaron interesantes para otros importantes jugadores del mercado mundial. Cuenta de ello fueron Bavaria, Avianca, Celumóvil, Caracol, Aluminios Reynolds, entre otras, que una vez posicionadas cambiaron de manos para seguir creciendo. Hasta sus últimos días jugó papel importante en las comunicaciones (Caracol TV., El Espectador), la industria (Biofilm, Almagrán, Refocosta y Valórem) y el entretenimiento (Cine Colombia).

6. Empresario: los valores sí cuentan
Los valores sí cuentan cuando se es empresario. Una muestra de ello es la generación de empleo y la preocupación del individuo por las causas sociales y educativas para el país. Todo lo cual se retribuye en desarrollo.

Para quienes lo conocieron, Julio Mario Santo Domingo, no era un hombre simple, era elegante y había construido su fortuna a base de trabajo y esfuerzo. Aunque en algunas épocas no se le veía mucho por el país, sino más bien en París o Nueva York codeándose con los más ricos del mundo, cuentan que desde hacía diez años, se le veía pasearse más por Colombia, lo que generó un impacto, inclusive en sus detractores. En palabras de Rogelio Velasco, el legado de Santo Domingo es su influencia social empresarial, “un ser económicamente responsable con el país”.

7. Los negocios se hacen con dinero
Siempre le dio importancia de enfocarse en la caja y la liquidez que generan los negocios, a ser prudente con el apalancamiento y a tomar riesgos midiendo las implicaciones de los mismos. La fortuna del empresario ascendía a los US$8.500 millones, ubicándolo en el puesto 108 de los más ricos del mundo, dos lugares por encima del recién fallecido Steve Jobs, según la revista Forbes. Gracias al liderazgo y a las estrategias aplicadas en cada uno de sus emprendimientos, Santo Domingo logró acumular una riqueza que le sirvió para comprar y fundar un sinnúmero de compañías que transformaron el panorama económico y social del país. El grupo empresarial que lideró fue propietario de las grandes generadoras de empleo en Colombia. Su aporte fue definitivo para la educación.

8. Creación de grupos empresariales
El millonario Julio Mario Santo Domingo es todo un ejemplo de lo que se puede llegar a realizar con visión y estrategia. Así lo demuestran los hechos. Este hombre fue ejemplo, porque integró ciertos sectores de la economía alrededor de un gran grupo empresarial y a varios grupos empresariales alrededor de él mismo. Para el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), Luis Carlos Villegas, el fallecido es un modelo a seguir, porque él mostró que las empresas se pueden dedicar a varias actividades, pero esta es una labor que se debe hacer con mucho cuidado. El Grupo Empresarial Bavaria y Valórem son una muestra de todo esto, con el cual se controla más de 100 compañías en el mundo, entre estas Caracol Televisión y el diario El Espectador.

9. La muerte no es el fin
A través de su familia, en especial de su hijo Alejandro Santo Domingo, quien se encargará de llevar las riendas de las empresas del fallecido industrial; de la continua labor de la fundación que lleva su nombre y de su imagen que no se borrará del ideario de los empresarios y emprendedores de todo el mundo, Julio Mario Santo Domingo se aseguró de que su legado se mantuviera vivo por mucho tiempo después de que él no estuviera. Quedan también las obras arquitectónicas que llevan su nombre: el edificio de posgrados de la Universidad de los Andes y la biblioteca pública y el teatro ubicado en Bogotá, construidos con dinero donado por el empresario, que harán que las personas sigan recordando el nombre de quien fue durante mucho tiempo el hombre más rico del país y uno de los más poderosos.

10. La riqueza es para compartirla

Santo Domingo decidió llevar su visión de futuro más allá de las empresas que lideraba y empezar a compartir algunas de sus ganancias con los jóvenes de escasos recursos otorgando becas en las instituciones más prestigiosas de Colombia. La fundación, que lleva su nombre, también ha trabajado por la construcción de centros de cultura y entretenimiento, para promover lugares de encuentro para las comunidades. Este programa de donaciones que también incluye la de US$10 millones a la Universidad de Los Andes para la construcción del edificio de postgrados, son uno de los legados que su hijo Alejandro, deberá mantener, como herencia. La República. 


Legado y empresas

Es un industrial colombiano miembro de la familia Santo Domingo oriunda de Mompox y radicada en Barranquilla, nació en la Ciudad de Panamá el 1° de octubre de 1924 mientras sus padres estaban de vacaciones en el istmo. Es el segundo hombre más rico de Colombia y el 108 del mundo según la revista Forbes (edición 2011),2 con un estimado de 8 400 millones de dólares estadounidenses, es accionista principal del Grupo Empresarial Bavaria y de Valórem, con la cual controla más de 100 compañías alrededor del mundo, entre ellas Caracol Televisión y el periódico El Espectador.

 

En 2005 realizó una transacción financiera en la cual Cervecería Bavaria S.A. se fusionó con la compañía surafricana SAB Miller. En esta fusión Santo Domingo adquirió el 15,1% de SAB Miller, convirtiéndose así en el segundo accionista de la segunda cervecera más grande del mundo.

 

  

Es hijo del industrial Mario Santo Domingo, pionero de la aviación comercial colombiana, y de Beatriz Pumarejo. Se casó dos veces, la primera vez con la aristócrata brasileña Edyala Braga, con quien tuvo a Julio Mario Santo Domingo Braga (fallecido),3 y la segunda vez con la samaria Beatrice Dávila (de quien es familiar lejano), con quien tuvo a Alejandro Santo Domingo Dávila, quien se prepara para administrar los negocios de su padre, y a Andrés Santo Domingo Dávila, quien se inclinó por las artes y la música.

 La hija de Julio Mario Santo Domingo Jr., Tatiana, es la actual novia del príncipe Andrea Casiraghi de Mónaco.

 Julio Mario Santo Domingo vive en Park Avenue en Nueva York, tiene una residencia en Bogotá, otra en París y una isla privada en Barú, Colombia.

 Publicado por Oscar Ivan Borja Fuentes en 22:57 0 comentarios 

Obra Social

En 2010 la fundación Julio Mario Santo Domingo en asociación con autoridades distritales de la ciudad de Bogotá, ponen al servicio de la comunidad El Centro Cultural Biblioteca Julio Mario Santo Domingo. El complejo, de 23 mil metros cuadrados, está conformado por una megablioteca, un teatro para conciertos, espectáculos y montajes teatrales, un teatro estudio, salas de internet, ludoteca, sonoteca y bebeteca para estimulación temprana de los niños. Cuenta con tecnología de punta como tableros interactivos en las aulas múltiples y salas de capacitación, equipos de video conferencia para eventos simultáneos, 20 puntos para la reproducción de video, compatibles con tecnología blue ray, alrededor de 100 puntos de acceso a Internet disponibles para el usuario en las diferentes salas, préstamo de computadores portátiles y red inalámbrica de acceso a Internet.

Este imponente complejo, ubicado en el Parque Zonal San José de Bavaria, en la avenida calle 170 No. 67-51, está rodeado por un parque de 5,5 hectáreas con amplios andenes, zonas verdes arborizadas, senderos peatonales y juegos infantiles. Y para facilitar el acceso de los visitantes cuenta con 340 parqueaderos subterráneos y 140 ciclo parqueaderos.

Pero lo más importante de este nuevo espacio, ubicado al norte de la ciudad, es que beneficiará a 1,2 millones de habitantes de las localidades de Suba y Usaquén, entre los que se encuentran 280.000 niños y jóvenes en edad escolar.

Vale la pena resaltar que este centro cultural es el resultado de la alianza público privada entre la familia Santo Domingo, que donó 55 mil millones de pesos para la construcción de la megabiblioteca y los dos teatros, y la Alcaldía de Bogotá, que cedió 5.5 hectáreas, invirtió 33.2 mil millones de pesos en la construcción de los parqueaderos, el parque y las vías aledañas y adelantó toda la gestión de restitución de la zona.

 El proyecto se realizó bajo el convenio de cooperación interinstitucional suscrito entre sociedades de la familia Santo Domingo y la Secretaría de Educación, el Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público, el Departamento Administrativo de Planeación Distrital, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte, Bibloamigos y el Instituto de Desarrollo Urbano.

La donación hecha por la familia Santo Domingo responde al compromiso de aportar a la educación y al desarrollo del país. Adicionalmente, la familia a través de la Fundación Mario Santo Domingo, que celebra su quincuagésimo aniversario, ha contribuido a impulsar el desarrollo social del país, beneficiando a más de 133.000 familias colombianas.

 

Centro Cultural Biblioteca Publica Julio Mario Santo Domingo

 

 

 

Portafolio de Empresas
Sector medios de comunicación
Caracol Televisión GenTV Canal8
Caracol TV Internacional
Novelas Caracol
El Espectador (Comunican S. A.)
Cine Colombia
Inversiones Cromos S. A.
Sector industrial
SABMiller (Segundo mayor accionista)
Biofilm S.A
Refocosta S.A
Sector servicios
Almagran S.A
Almacenar S.A

Publicado por Oscar Ivan Borja Fuentes


Barranquilla marcó la vida de Julio Mario
Hasta el día de su muerte, Julio Mario Santo Domingo conservó su casa de la carrera 56, en El Prado.
Aunque Barranquilla ya no estaba en su itinerario de viajero incansable, y había dejado al cuidado de un celador su casa de la carrera 56 entre calles 75 y 74, Julio Mario Santo Domingo vivió la ciudad a plenitud, especialmente en sus años de infancia, adolescencia y temprana adultez.

Ayer, tras su muerte, mucho se dijo en la ciudad, especialmente el rumor jamás confirmado de que guardaba algún resentimiento hacia ella. La vida de Julio Mario Santo Domingo en Barranquilla estuvo marcada por todo tipo de momentos, algunos radiantes en la juerga, el amor y la vida familiar, otros trágicos.

Tuve la oportunidad de conocerlo poco antes del juego inaugural del mundial de Estados Unidos en 1994, en la sala de acreditaciones. Santo Domingo, a la sazón propietario de Caracol Radio​, estaba con el Presidente de esa cadena Ricardo Alarcón, a la espera de que le entregaran una credencial VIP. Alarcón me lo presentó y fue muy amable. Me preguntó por mucha gente de Barranquilla de la que hacía mucho tiempo no sabía. Los nombres estaban claros en su mente. Me dijo en esa ocasión que yo era un afortunado de poder hacer periodismo y vivir en Barranquilla. No hubo tiempo para que me explicara por qué.

A pesar de que ya llevaba muchas décadas viviendo en el 740 de Park Avenue, en Manhattan, no se había olvidado de la ciudad en la cual pasó gran parte de sus primeros años y que además fue escenario de las audacias empresariales de su padre, Mario Santo Domingo, protagonista de la época dorada de los negocios en Barranquilla y pasajero privilegiado del primer vuelo que se hizo en Colombia, en un Curtis de 200 caballos piloteado por William Knox Martin.

Julio Mario Santo Domingo Pumarejo no había nacido en Barranquilla. Era normal en esa época, 1920, que las damas pudientes de la ciudad viajaran a Panamá a dar a luz en el Gorgas Army Community Hospital, el cual era administrado por los militares de Estados Unidos que operaban el canal. Allí nacerían también sus hermanos, Beatriz Alicia, Luis Felipe y Cecilia.

Julio Mario estudió sus primeros años en el colegio Ariano, mientras que en su casa su educación era administrada por una institutriz alemana a la que él alguna vez calificó de “supernazi”.

Julio Mario le contó a Margarita Vidal en una entrevista que “la vieja me obligaba a comer todo lo que no me gustaba. Nunca me ha gustado el coco. Y recuerdo con espanto que una vez le dije que no quería dulce de coco y ella me obligó a comerlo a la fuerza, hasta que tuve que vomitar en el plato”.

Tanto su infancia, como su adolescencia, estuvieron marcadas por viajes de toda índole: a Europa en vacaciones con la familia; a Cartagena o Puerto Colombia, donde su familia tenía una casa para temperar en vacaciones; a Bogotá, que lo albergó como una fórmula medicinal para un problema pulmonar que lo aquejaba; y, finalmente, a Estados Unidos, a la estricta Phillips Academy, la solución que buscó su padre para encarrilar el comportamiento díscolo y rebelde propio de la adolescencia.

A lo largo de los años subsiguientes, y durante sus estudios en tres universidades prestigiosas de Estados Unidos, Julio Mario Santo Domingo jamás dejó de visitar a Barranquilla, donde tenía diferentes grupos de amigos, uno de ellos del denominado Grupo Barranquilla, que tenía como epicentro a La cueva y del cual era concurrente esporádico.

Cuenta Heriberto Fiorillo, en su Crónica del Grupo Barranquilla, lo que Julio Mario evocaba del legendario establecimiento:

“Recuerdo que Álvaro Cepeda se apasionaba no solo por la literatura y las discusiones sobre cultura general, sino por mantener a raya a todo aquel que considerara un intruso en semejantes reuniones de cofradía, a quien ordenaba salir del lugar sin ninguna explicación. Me sorprende que con una clientela como la nuestra no se hubiera ido a la quiebra el establecimiento, o que no nos hubiera roto la cabeza cualquiera de esos personajes expulsados arbitrariamente. Ahora que hago memoria pienso que había algo infantil en todo aquello”.

Del anecdotario de aquellos amigos está la historia de cuando Julio Mario posó como Simón Bolívar para un cuadro de Alejandro Obregón. El cuadro fue luego vendido a un norteamericano y Julio Mario le reclamó a Alfonso Fuenmayor por no habérsele vendido a él. Fuenmayor le dijo que él no hubiera pagado ni un diez por ciento de los 55 mil pesos que pagó el extranjero.

Pero no todos son recuerdos felices para Julio Mario Santo Domingo en Barranquilla. Cuando todavía no había cumplido los 40 años, y encontrándose en Estados Unidos, recibió la trágica noticia de la muerte de su hermano menor, el simpático Luis Felipe, mejor conocido como Pipe, y quien perdió la vida en un absurdo accidente de tránsito que se produjo en la vía Barranquilla-Puerto Colombia.

En un principio se creyó que Pipe había resultado ileso, pero en realidad había sufrido perforación de un pulmón y a los tres días murió.

El 30 de septiembre de 1963, Julio Mario llegó de Estados Unidos al funeral y cuenta el meticuloso archivador de la Cervecería Águila, Álvaro Mantilla Olivares, en su libro Itinerario de un imperio económico, que en el funeral le dijo a un amigo: “El muerto debería ser yo...mi hermano era muy noble”.

Nueve años más tarde sobrevino otra tragedia que lo golpeó muy duro: la muerte de su compañero de juergas y amigo del alma Álvaro Cepeda Samudio, quien era además publicista de Cervecería Águila y director del periódico que Mario había adquirido en 1961, Diario del Caribe.

El sábado 14 de octubre de 1972, cuando el cadáver de El nene Cepeda llegó a Barranquilla, Julio Mario estaba entre los amigos que recibieron el ataúd en el aeropuerto y pasaron la noche a su lado, en conmovedora ceremonia.

Al día siguiente, Julio Mario fue anfitrión de un sancocho en su casa, evento en el cual los amigos recordaron los mejores momentos del autor de Los cuentos de Juana.

Ahora le tocó el turno a Julio Mario, quizás el hombre de negocios más importante en la historia del país, al menos el más conocido a nivel mundial.

Por Ernesto McCausland Sojo


Julio Mario Santo Domingo
El empresario barranquillero tuvo una vida apasionante y fue un triunfador nato en todos los campos. Esta es su historia.

Fue una coincidencia extraña. Con solo dos días de diferencia murieron Steve Jobs, el gran protagonista de la revolución tecnológica del siglo XXI, y Julio Mario Santo Domingo, el gran protagonista de la vida económica de Colombia en el último medio siglo. Sus vidas y sus carreras no pudieron haber sido más diferentes. Pero así como se dice que prácticamente todos los habitantes del planeta han utilizado algún invento de Jobs, todos los habitantes del país han consumido algún producto o servicio emanado del Grupo Santo Domingo.

Hace apenas diez años era normal en el país despertarse oyendo Caracol Radio o leyendo El Espectador, irse al trabajo en un Renault, comunicarse durante el día con un celular de la entonces Celumóvil, almorzar con unas buenas cervezas de Bavaria, planear un viaje de vacaciones con Avianca y luego regresar a la casa a comer viendo Caracol Televisión. Y esas marcas son solo media docena de los cientos de empresas que la familia Santo Domingo llegó a tener desde que el padre de Julio Mario, el fundador del imperio, Mario Santo Domingo, comenzó a hacer negocios en Barranquilla, a comienzos del siglo XX.

En esos cien años, padre e hijo lograron estar presentes en todos los sectores de la actividad económica del país. Cervecerías, aerolíneas, bancos, compañías de seguros, corporaciones financieras, petroquímicas, medios de comunicación, turismo, energía, reforestación, industria automotriz, camaroneras, comidas rápidas, cines, telefonía, almacenes de depósito, inversiones inmobiliarias, agroindustria y otras más. Son pocos los países del mundo en los que un particular ha llegado a tener tantos tentáculos.

Sin embargo, más interesantes que el éxito empresarial de ese grupo son la personalidad y la vida del hombre que lo construyó: Julio Mario Santo Domingo Pumarejo. Nació hace 88 años en Panamá, donde buena parte de la aristocracia barranquillera tenía sus hijos. Su padre había nacido ahí cuando el istmo aún pertenecía a Colombia y siempre mantuvo sus nexos con este. Mario Santo Domingo había sido un auténtico genio para los negocios. Austero, disciplinado y extremadamente sencillo, logró convertirse en el hombre más rico de la costa y en uno de los hombres más acaudalados del país. Podía vivir como millonario en cualquier capital del mundo, pero lo que le gustaba era Barranquilla, su gente y su trabajo. Y en ese entorno vivió, conquistó y murió sin mayores pretensiones.

Pocas personas podían ser más diferentes a él que su hijo Julio Mario. Hasta los 40 años, su fama era la de un hombre apuesto, indisciplinado, cosmopolita y playboy. El mundo de madrugar, ir a la fábrica, supervisar las cuentas y los envíos era el de su padre, pero no el suyo. Había crecido como hijo de rico y gozaba de todos los privilegios de esa condición. Don Mario lo había enviado a estudiar al Gimnasio Moderno en Bogotá, donde se codeó con todos los cachacos 'niños bien' de su generación. Después terminó sus estudios de bachillerato en Andover, uno de los colegios más prestigiosos de Estados Unidos, donde estudiaron en esa época el futuro presidente George Bush (padre) y el actor Jack Lemmon. Pasó por las universidades de Virginia, Pensilvania y Georgetown, sin graduarse en ninguna. Según la biografía suya escrita por Gerardo Reyes, de varios de esos claustros fue expulsado "por cosas de esas que no se usaban en esa época, como meter viejas al cuarto". Su vocación no era de académico, sino de buen vividor. Mientras a su padre le gustaba La Arenosa, a su hijo le encantaban Nueva York, París y la Costa Azul.

En París conoció a su primera esposa, una bella y elegante brasileña mayor que él llamada Edyala Braga. Estaba casada con el hermano menor del dos veces presidente de Brasil Getulio Vargas, conocido como el Padre de los Pobres. Rápidamente tuvieron lugar un romance, un matrimonio y un divorcio entre ellos, que no pasaron inadvertidos ni en la sociedad parisina ni en la barranquillera. La pareja se fue a vivir a esta última, y el matrimonio duró solo cinco años. Antes de su final, nació el hijo de la pareja, Julio Mario Santo Domingo Braga, quien falleció a los 51 años de un cáncer, dos años antes que su padre. Ese fue uno de los pocos golpes bajos que sufrió un hombre cuya vida, según todos sus allegados, se caracterizó por la buena estrella. Le fue bien en el mundo de los negocios, en el mundo de la sociedad y en el mundo familiar.

Muchos de los grandes magnates tienen vidas tormentosas en lo personal y aburridas en lo profesional. Santo Domingo no padeció ni lo uno ni lo otro. A pesar del fracaso de su primer matrimonio y de la muerte de su hijo mayor, construyó y gozó hasta su último día de un hogar envidiable. Contrajo segundas nupcias con doña Beatrice Dávila, una distinguida dama de la sociedad bogotana, quien fue su compañera de viaje y de alma durante cincuenta años. De esa unión nacieron dos hijos: Alejandro, un banquero de inversión que en la actualidad tiene las riendas del imperio (ver siguiente artículo), y Andrés, un espíritu más bohemio dedicado al negocio de la música. La familia ha residido desde hace 35 años en Nueva York, en donde el apellido Santo Domingo es objeto de admiración, respeto y envidia. Hoy heredan esa posición sus hijos, quienes serán los perpetuadores de la dinastía.

Todo ese poder fue construido alrededor de un solo negocio: la cerveza. A pesar de que los Santo Domingo llegaron a tener 200 empresas, la vaca lechera siempre fue una sola: Bavaria. Su liquidez era tan grande que los obligaba a diversificar en docenas de negocios que no eran rentables. En ellos se podía llegar a perder miles de millones de pesos, pero la cerveza daba para todo. Uno de los factores que han permitido la consolidación de la fortuna Santo Domingo en la última década ha sido la decisión de vender todos esos negocios marginales y concentrarse en lo que siempre han sabido hacer bien y nunca les ha fallado, la cerveza. El pionero en ese campo fue don Mario, quien en los años treinta compró la cervecería Águila de Barranquilla, con la cual llegó muy pronto a dominar el mercado de la costa. En 1968, mediante una ingeniosa fusión, los Santo Domingo acabaron por adquirir el control de Bavaria, la empresa privada más grande del país. El negocio en el fondo fue tan genial como polémico. Bavaria dominaba el mercado cervecero, pero era una compañía en bolsa en la cual ningún accionista tenía más del 5 por ciento. Águila era una empresa mucho más pequeña, pero en el intercambio de acciones de la fusión se convirtió en la accionista mayoritaria con un porcentaje cercano al 10 por ciento. Desde esta plataforma, Santo Domingo acabó, en menos de medio siglo, a través de diversos golpes de jugador de póker, por convertirse en el propietario del 75 por ciento de la empresa y del monopolio de la cerveza en Colombia.

Esas jugadas maestras fueron de varios tipos. Se requirió, por una parte, que Santo Domingo le comprara al resto de la familia sus participaciones en las empresas, hacer aumentos de capital en que el único comprador fuera él y, por último, comprar las otras cervecerías o quebrar aquellas que no le fueran vendidas. Ninguna de estas tres jugadas era fácil.

El patriarca Mario Santo Domingo tenía cuatro hijos: Julio Mario, Luis Felipe, Beatriz Alicia y Cecilia. La herencia después de su muerte, por lo tanto, quedaría repartida en cuatro partes. Sin embargo, como el otro hijo varón murió en un accidente automovilístico en 1963, las riendas de los negocios recayeron en manos de Julio Mario, el hijo mayor. En 1972 murió su hermana Cecilia y como no tuvo hijos, su viudo aceptó venderle a Julio Mario la participación del grupo que le correspondía a su mujer. A su otra hermana, Beatriz Alicia, también le compró gran parte de sus acciones. Y por último, negoció la participación de los hijos de su hermano fallecido en medio de un conflicto familiar bastante álgido. Con todas estas movidas, la fortuna de una familia había acabado concentrada casi en su totalidad en la cabeza del primogénito.

Pero aun sumando las acciones de sus hermanos, la participación de Santo Domingo en Bavaria apenas superaba el 10 por ciento al comenzar la década de los setenta. ¿Cómo se logró pasar de ahí a un 75 por ciento en cuarenta años? Básicamente a punta de aumentos de capital. Cada tanto tiempo se hacía una emisión de acciones a su medida. Las condiciones en que se sacaban al mercado no eran muy atractivas para el inversionista pequeño, de tal suerte que casi toda la emisión era siempre adquirida por Santo Domingo. Bajo esta modalidad, cuando se retiró Carlos Cure de la presidencia de la cervecera, en 1983, el porcentaje de Santo Domingo había pasado de un poco más del 10 al 42 por ciento. Durante los 15 años siguientes en los que la empresa fue gerenciada por Augusto López, los aumentos de capital produjeron un salto al 68 por ciento. Y después de esto, una oferta pública de adquisición (OPA) hecha a los accionistas minoritarios, con una prima del 20 por ciento sobre el precio en bolsa, le permitió a Santo Domingo quedar de dueño de Bavaria en una proporción cercana al 75 por ciento.

En esos mismos años, esa empresa había logrado no solo quedarse con el monopolio de la cerveza en el país, sino convertirse en una multinacional. Obtuvo el control total del mercado colombiano a través de una serie de movimientos financieros que le permitieron al final fusionarse con Cervunión, la cervecería paisa. Y la expansión internacional se logró inicialmente a través de la compra a un precio de ganga de las cervecerías de Ecuador y de Portugal. Esta última fue vendida para concentrarse en Latinoamérica, lo que desembocó en las adquisiciones de los monopolios del negocio tanto en Panamá como en Perú. Con esto, Bavaria se consolidó como el ama y señora de gran parte del mercado regional.

Esto le dio la capacidad para negociar con SabMiller y repetir a nivel internacional lo que Águila había hecho con Bavaria en 1968: un intercambio de acciones en el cual se ingresa como minoritario, pero rápidamente se comienzan a dar pasos de animal grande. En esta ocasión la fusión entre Bavaria y SabMiller convirtió a esta última en la segunda cervecera más grande del mundo y dejó a la familia Santo Domingo con el 15,1 por ciento de la multinacional. El valor de esas acciones se acerca hoy a los 9.000 millones de dólares y, al cierre de esta edición, el precio estaba subiendo ante especulaciones de que Anheuser Busch InBev, la cervecería más grande del mundo, estaría interesada en comprar SabMiller. Si eso llegara a suceder, lo cual es difícil, la pequeña cervecería barranquillera heredada por Julio Mario Santo Domingo podría acabar controlando la tercera parte del mercado mundial de la cerveza. El hombre responsable de este milagro económico no solo fue el protagonista central de la historia empresarial del país en la segunda mitad del siglo XX, sino que también dejó muy en alto el nombre de Colombia en el resto del mundo.

Fuente: http://www.semana.com/nacion/julio-mario-santo-domingo/165464-3.aspx

 

 

Santo Domingo fue siempre uno de los industriales más importantes del país. El peso de sus empresas en la economía hacía que su opinión influyera en las decisiones económicas de los gobiernos. En la foto, con el expresidente Belisario Betancur y el entonces mandatario César Gaviria.

Santo Domingo fue siempre uno de los industriales más importantes del país. El peso de sus empresas en la economía hacía que su opinión influyera en las decisiones económicas de los gobiernos. En la foto, con el expresidente Belisario Betancur y el entonces mandatario César Gaviria.

Fue un gran aficionado a la fiesta brava y era común verlo en las temporadas de la Santamaría en Bogotá.

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