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Sus 10 lecciones
empresariales
Aquellos que recuerdan a Julio Mario Santo Domingo lo
hacen con la idea de que no solo era un gran
empresario,
sino que era un maestro en lo que hacía.
Este hombre deja imborrables lecciones tanto de vida
como en el sector empresarial. Todas estas son
recordadas por los que tuvieron la oportunidad de
conocerlo, de conversar con él, pero sobre todo, de
escucharlo con atención para no dejar ir algún consejo o
lección.
Hoy tratamos de entregarles las diez lecciones que Santo
Domingo dejó a todos los que lo han visto como un
referente de hombre de negocios.
Y aunque es eminentemente recordado como un empresario
exitoso, también se sabe que era un hombre de poder, es
decir, un individuo que tenía claro que era importante
tener un respaldo del gobierno de turno.
Sumado a esto, deja en la memoria de los colombianos su
intención de compartir su riqueza y de hacer país. Así
lo reflejan sus donaciones como la de la Biblioteca que
lleva su nombre, y que es considerada una de sus grandes
obras sociales. La República.
1. El mercado lo define el empresario
Pasó de ser un empleado local a convertirse en el zar de
la cerveza en el mundo. Empezar con lo local y
establecer unas bases fuertes como lo logró con su
cervecería, le propició la oportunidad de seguir
invirtiendo en otros negocios. Desde pequeño siguió el
ejemplo de su padre don Mario hasta lograr la
conformación del grupo económico mas importante de
Colombia.
Él mismo vio el mercado que debía alcanzar. Con cada
éxito fue adquiriendo otras cervezas colombianas, como
la Leona y tener empresas en Ecuador, Panamá, Venezuela
y Perú. A la vez, su fuerza y determinación como
empresario y su compañía Bavaria le sirvieron como
apalancamiento para convertirse en dueño de una parte de
una de las cerveceras más importantes del planeta,
SABMiller.
2. El Estado es el principio
Este empresario sabía lo importante de tener no solo el
respaldo de los presidentes de turno sino de darles una
mano hasta en los momentos más difíciles. En su vida
laboral se vio inmerso en las circunstancias económicas
del país, desde crisis, abundancias y grandes cambios
económicos como la apertura de los años noventa entre
otros.
Pero su estrategia y visión del negocio le permitió
reconocer que en las buenas y en las malas, un
empresario de esta talla debía estar apoyando a los
presidentes así fueran los más controvertidos o los más
aceptados por la comunidad, este ha sido una de sus
enseñanzas y un factor decisivo para seguir creciendo en
el país, no solo como un talentoso empresario sino
también como un visionario social, cualidades que se
demuestran con su trayectoria.
3. La imagen abre las puertas
Su filosofía de vida lo llevaba no solamente a ser un
estratega importante en el mundo empresarial, sino a
tener una personalidad arrolladora, inclusive en su
apariencia. Esa elegancia, que lo caracterizaba, lo
llevó a relacionarse con la élite empresarial, política
y del Jet Set nacional e internacional.
Era amigo de los príncipes de Mónaco, entre otras
personalidades. Su elegancia en el estilo de vida le
abrió las puertas a empresas en las que invirtió y de
las cuales, recibió sumas importantes al ser vendidas.
En los periódicos y revistas lo describían como un dandy,
siempre elegante. Se le veía con chaquetas estilo inglés
y en una ocasión lo reveló, algunas de ellas eran Savile
Row. En fotografías del pasado, aparece siempre
vistiendo de blanco y no le podía faltar un pañuelo de
bolsillo.
4. Los mercados están más allá
Los mercados están más allá, tanto en tiempo como en el
espacio. El magnate fue pionero en comprar empresas más
allá de las fronteras nacionales. Esa es la principal
lección que Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi
, recuerda: “Las fronteras del mercado no son las
fronteras del país”. Villegas rememora que fue Santo
Domingo quien, cuando era embajador en China, adquirió
la casa que hoy es sede de la embajada en Pekín. Por
esos días se le escuchaba insistir a los que lo conocían
que ese era el país donde iban a pasar las cosas más
importantes en el futuro y que Colombia debería entrar
desde temprano en su mercado. De eso hace más de treinta
años. He aquí una demostración de la visión tanto
espacial como temporal de Julio”.
5. Todo puede ser un buen negocio
Ningún sector de la economía fue ajeno ni extraño a sus
inversiones. La intención del segundo empresario más
rico de Colombia fue siempre invertir y consolidar las
marcas en las que puso su dinero. Así, logró valorizar
sus inversiones que resultaron interesantes para otros
importantes jugadores del mercado mundial. Cuenta de
ello fueron Bavaria, Avianca, Celumóvil, Caracol,
Aluminios Reynolds, entre otras, que una vez
posicionadas cambiaron de manos para seguir creciendo.
Hasta sus últimos días jugó papel importante en las
comunicaciones (Caracol TV., El Espectador), la
industria (Biofilm, Almagrán, Refocosta y Valórem) y el
entretenimiento (Cine Colombia).
6. Empresario: los valores sí cuentan
Los valores sí cuentan cuando se es empresario. Una
muestra de ello es la generación de empleo y la
preocupación del individuo por las causas sociales y
educativas para el país. Todo lo cual se retribuye en
desarrollo.
Para quienes lo conocieron, Julio Mario Santo Domingo,
no era un hombre simple, era elegante y había construido
su fortuna a base de trabajo y esfuerzo. Aunque en
algunas épocas no se le veía mucho por el país, sino más
bien en París o Nueva York codeándose con los más ricos
del mundo, cuentan que desde hacía diez años, se le veía
pasearse más por Colombia, lo que generó un impacto,
inclusive en sus detractores. En palabras de Rogelio
Velasco, el legado de Santo Domingo es su influencia
social empresarial, “un ser económicamente responsable
con el país”.
7. Los negocios se hacen con dinero
Siempre le dio importancia de enfocarse en la caja y la
liquidez que generan los negocios, a ser prudente con el
apalancamiento y a tomar riesgos midiendo las
implicaciones de los mismos. La fortuna del empresario
ascendía a los US$8.500 millones, ubicándolo en el
puesto 108 de los más ricos del mundo, dos lugares por
encima del recién fallecido Steve Jobs, según la revista
Forbes. Gracias al liderazgo y a las estrategias
aplicadas en cada uno de sus emprendimientos, Santo
Domingo logró acumular una riqueza que le sirvió para
comprar y fundar un sinnúmero de compañías que
transformaron el panorama económico y social del país.
El grupo empresarial que lideró fue propietario de las
grandes generadoras de empleo en Colombia. Su aporte fue
definitivo para la educación.
8. Creación de grupos empresariales
El millonario Julio Mario Santo Domingo es todo un
ejemplo de lo que se puede llegar a realizar con visión
y estrategia. Así lo demuestran los hechos. Este hombre
fue ejemplo, porque integró ciertos sectores de la
economía alrededor de un gran grupo empresarial y a
varios grupos empresariales alrededor de él mismo. Para
el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios
de Colombia (Andi), Luis Carlos Villegas, el fallecido
es un modelo a seguir, porque él mostró que las empresas
se pueden dedicar a varias actividades, pero esta es una
labor que se debe hacer con mucho cuidado. El Grupo
Empresarial Bavaria y Valórem son una muestra de todo
esto, con el cual se controla más de 100 compañías en el
mundo, entre estas Caracol Televisión y el diario El
Espectador.
9. La muerte no es el fin
A través de su familia, en especial de su hijo Alejandro
Santo Domingo, quien se encargará de llevar las riendas
de las empresas del fallecido industrial; de la continua
labor de la fundación que lleva su nombre y de su imagen
que no se borrará del ideario de los empresarios y
emprendedores de todo el mundo, Julio Mario Santo
Domingo se aseguró de que su legado se mantuviera vivo
por mucho tiempo después de que él no estuviera. Quedan
también las obras arquitectónicas que llevan su nombre:
el edificio de posgrados de la Universidad de los Andes
y la biblioteca pública y el teatro ubicado en Bogotá,
construidos con dinero donado por el empresario, que
harán que las personas sigan recordando el nombre de
quien fue durante mucho tiempo el hombre más rico del
país y uno de los más poderosos.
10. La riqueza es para compartirla
Santo Domingo decidió llevar su visión de futuro más
allá de las empresas que lideraba y empezar a compartir
algunas de sus ganancias con los jóvenes de escasos
recursos otorgando becas en las instituciones más
prestigiosas de Colombia. La fundación, que lleva su
nombre, también ha trabajado por la construcción de
centros de cultura y entretenimiento, para promover
lugares de encuentro para las comunidades. Este programa
de donaciones que también incluye la de US$10 millones a
la Universidad de Los Andes para la construcción del
edificio de postgrados, son uno de los legados que su
hijo Alejandro, deberá mantener, como herencia. La
República.
Legado y empresas
Es un industrial
colombiano miembro de la familia Santo Domingo oriunda
de Mompox y radicada en Barranquilla, nació en la Ciudad
de Panamá el 1° de octubre de 1924 mientras sus padres
estaban de vacaciones en el istmo. Es el segundo hombre
más rico de Colombia y el 108 del mundo según la revista
Forbes (edición 2011),2 con un estimado de 8 400
millones de dólares estadounidenses, es accionista
principal del Grupo Empresarial Bavaria y de Valórem,
con la cual controla más de 100 compañías alrededor del
mundo, entre ellas Caracol Televisión y el periódico El
Espectador.

En 2005 realizó una
transacción financiera en la cual Cervecería Bavaria
S.A. se fusionó con la compañía surafricana SAB Miller.
En esta fusión Santo Domingo adquirió el 15,1% de SAB
Miller, convirtiéndose así en el segundo accionista de
la segunda cervecera más grande del mundo.
Es hijo del industrial
Mario Santo Domingo, pionero de la aviación comercial
colombiana, y de Beatriz Pumarejo. Se casó dos veces, la
primera vez con la aristócrata brasileña Edyala Braga,
con quien tuvo a Julio Mario Santo Domingo Braga
(fallecido),3 y la segunda vez con la samaria Beatrice
Dávila (de quien es familiar lejano), con quien tuvo a
Alejandro Santo Domingo Dávila, quien se prepara para
administrar los negocios de su padre, y a Andrés Santo
Domingo Dávila, quien se inclinó por las artes y la
música.
La hija de Julio Mario
Santo Domingo Jr., Tatiana, es la actual novia del
príncipe Andrea Casiraghi de Mónaco.
Julio Mario Santo Domingo
vive en Park Avenue en Nueva York, tiene una residencia
en Bogotá, otra en París y una isla privada en Barú,
Colombia.
Publicado por Oscar Ivan
Borja Fuentes en 22:57 0 comentarios
Obra Social
En 2010 la fundación Julio
Mario Santo Domingo en asociación con autoridades
distritales de la ciudad de
Bogotá,
ponen al servicio de la comunidad
El Centro Cultural
Biblioteca Julio Mario Santo Domingo.
El complejo, de 23 mil metros cuadrados, está conformado
por una megablioteca, un teatro para conciertos,
espectáculos y montajes teatrales, un teatro estudio,
salas de internet, ludoteca, sonoteca y bebeteca para
estimulación temprana de los niños. Cuenta con
tecnología de punta como tableros interactivos en las
aulas múltiples y salas de capacitación, equipos de
video conferencia para eventos simultáneos, 20 puntos
para la reproducción de video, compatibles con
tecnología blue ray, alrededor de 100 puntos de acceso a
Internet disponibles para el usuario en las diferentes
salas, préstamo de computadores portátiles y red
inalámbrica de acceso a Internet.
Este imponente complejo,
ubicado en el Parque Zonal San José de Bavaria, en la
avenida calle 170 No. 67-51, está rodeado por un parque
de 5,5 hectáreas con amplios andenes, zonas verdes
arborizadas, senderos peatonales y juegos infantiles. Y
para facilitar el acceso de los visitantes cuenta con
340 parqueaderos subterráneos y 140 ciclo parqueaderos.
Pero lo más importante de
este nuevo espacio, ubicado al norte de la ciudad, es
que beneficiará a 1,2 millones de habitantes de las
localidades de Suba y Usaquén, entre los que se
encuentran 280.000 niños y jóvenes en edad escolar.
Vale
la pena resaltar que este centro cultural es el
resultado de la alianza público privada entre la familia
Santo Domingo, que donó 55 mil millones de pesos para la
construcción de la megabiblioteca y los dos teatros, y
la Alcaldía de Bogotá, que cedió 5.5 hectáreas, invirtió
33.2 mil millones de pesos en la construcción de los
parqueaderos, el parque y las vías aledañas y adelantó
toda la gestión de restitución de la zona.
El proyecto se realizó
bajo el convenio de cooperación interinstitucional
suscrito entre sociedades de la familia Santo Domingo y
la Secretaría de Educación, el Departamento
Administrativo de la Defensoría del Espacio Público, el
Departamento Administrativo de Planeación Distrital, la
Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, el
Instituto Distrital de Recreación y Deporte, Bibloamigos
y el Instituto de Desarrollo Urbano.
La donación hecha por la
familia Santo Domingo responde al compromiso de aportar
a la educación y al desarrollo del país. Adicionalmente,
la familia a través de la Fundación Mario Santo Domingo,
que celebra su quincuagésimo aniversario, ha contribuido
a impulsar el desarrollo social del país, beneficiando a
más de 133.000 familias colombianas.

Centro Cultural Biblioteca
Publica Julio Mario Santo Domingo
Portafolio de Empresas
Sector medios de comunicación
Caracol Televisión GenTV Canal8
Caracol TV Internacional
Novelas Caracol
El Espectador (Comunican S. A.)
Cine Colombia
Inversiones Cromos S. A.
Sector industrial
SABMiller (Segundo mayor accionista)
Biofilm S.A
Refocosta S.A
Sector servicios
Almagran S.A
Almacenar S.A
Publicado por Oscar Ivan
Borja Fuentes
Barranquilla marcó la vida de Julio Mario
Hasta el día de su muerte, Julio Mario Santo Domingo
conservó su casa de la carrera 56, en El Prado.
Aunque
Barranquilla ya no estaba en su itinerario de viajero
incansable, y había dejado al cuidado de un celador su
casa de la carrera 56 entre calles 75 y 74, Julio Mario
Santo Domingo vivió la ciudad a plenitud, especialmente
en sus años de infancia, adolescencia y temprana
adultez.
Ayer, tras su muerte,
mucho se dijo en la ciudad, especialmente el rumor jamás
confirmado de que guardaba algún resentimiento hacia
ella. La vida de Julio Mario Santo Domingo en
Barranquilla estuvo marcada por todo tipo de momentos,
algunos radiantes en la juerga, el amor y la vida
familiar, otros trágicos.
Tuve la oportunidad de
conocerlo poco antes del juego inaugural del mundial de
Estados Unidos en 1994, en la sala de acreditaciones.
Santo Domingo, a la sazón propietario de Caracol Radio,
estaba con el Presidente de esa cadena Ricardo Alarcón,
a la espera de que le entregaran una credencial VIP.
Alarcón me lo presentó y fue muy amable. Me preguntó por
mucha gente de Barranquilla de la que hacía mucho tiempo
no sabía. Los nombres estaban claros en su mente. Me
dijo en esa ocasión que yo era un afortunado de poder
hacer periodismo y vivir en Barranquilla. No hubo tiempo
para que me explicara por qué.
A pesar de que ya llevaba
muchas décadas viviendo en el 740 de Park Avenue, en
Manhattan, no se había olvidado de la ciudad en la cual
pasó gran parte de sus primeros años y que además fue
escenario de las audacias empresariales de su padre,
Mario Santo Domingo, protagonista de la época dorada de
los negocios en Barranquilla y pasajero privilegiado del
primer vuelo que se hizo en Colombia, en un Curtis de
200 caballos piloteado por William Knox Martin.
Julio Mario Santo Domingo
Pumarejo no había nacido en Barranquilla. Era normal en
esa época, 1920, que las damas pudientes de la ciudad
viajaran a Panamá a dar a luz en el Gorgas Army
Community Hospital, el cual era administrado por los
militares de Estados Unidos que operaban el canal. Allí
nacerían también sus hermanos, Beatriz Alicia, Luis
Felipe y Cecilia.
Julio Mario estudió sus
primeros años en el colegio Ariano, mientras que en su
casa su educación era administrada por una institutriz
alemana a la que él alguna vez calificó de “supernazi”.
Julio Mario le contó a
Margarita Vidal en una entrevista que “la vieja me
obligaba a comer todo lo que no me gustaba. Nunca me ha
gustado el coco. Y recuerdo con espanto que una vez le
dije que no quería dulce de coco y ella me obligó a
comerlo a la fuerza, hasta que tuve que vomitar en el
plato”.
Tanto su infancia, como su
adolescencia, estuvieron marcadas por viajes de toda
índole: a Europa en vacaciones con la familia; a
Cartagena o Puerto Colombia, donde su familia tenía una
casa para temperar en vacaciones; a Bogotá, que lo
albergó como una fórmula medicinal para un problema
pulmonar que lo aquejaba; y, finalmente, a Estados
Unidos, a la estricta Phillips Academy, la solución que
buscó su padre para encarrilar el comportamiento díscolo
y rebelde propio de la adolescencia.
A lo largo de los años
subsiguientes, y durante sus estudios en tres
universidades prestigiosas de Estados Unidos, Julio
Mario Santo Domingo jamás dejó de visitar a
Barranquilla, donde tenía diferentes grupos de amigos,
uno de ellos del denominado Grupo Barranquilla, que
tenía como epicentro a La cueva y del cual era
concurrente esporádico.
Cuenta Heriberto Fiorillo,
en su Crónica del Grupo Barranquilla, lo que Julio Mario
evocaba del legendario establecimiento:
“Recuerdo que Álvaro
Cepeda se apasionaba no solo por la literatura y las
discusiones sobre cultura general, sino por mantener a
raya a todo aquel que considerara un intruso en
semejantes reuniones de cofradía, a quien ordenaba salir
del lugar sin ninguna explicación. Me sorprende que con
una clientela como la nuestra no se hubiera ido a la
quiebra el establecimiento, o que no nos hubiera roto la
cabeza cualquiera de esos personajes expulsados
arbitrariamente. Ahora que hago memoria pienso que había
algo infantil en todo aquello”.
Del anecdotario de
aquellos amigos está la historia de cuando Julio Mario
posó como Simón Bolívar para un cuadro de Alejandro
Obregón. El cuadro fue luego vendido a un norteamericano
y Julio Mario le reclamó a Alfonso Fuenmayor por no
habérsele vendido a él. Fuenmayor le dijo que él no
hubiera pagado ni un diez por ciento de los 55 mil pesos
que pagó el extranjero.
Pero no todos son
recuerdos felices para Julio Mario Santo Domingo en
Barranquilla. Cuando todavía no había cumplido los 40
años, y encontrándose en Estados Unidos, recibió la
trágica noticia de la muerte de su hermano menor, el
simpático Luis Felipe, mejor conocido como Pipe, y quien
perdió la vida en un absurdo accidente de tránsito que
se produjo en la vía Barranquilla-Puerto Colombia.
En un principio se creyó
que Pipe había resultado ileso, pero en realidad había
sufrido perforación de un pulmón y a los tres días
murió.
El 30 de septiembre de
1963, Julio Mario llegó de Estados Unidos al funeral y
cuenta el meticuloso archivador de la Cervecería Águila,
Álvaro Mantilla Olivares, en su libro Itinerario de un
imperio económico, que en el funeral le dijo a un amigo:
“El muerto debería ser yo...mi hermano era muy noble”.
Nueve años más tarde
sobrevino otra tragedia que lo golpeó muy duro: la
muerte de su compañero de juergas y amigo del alma
Álvaro Cepeda Samudio, quien era además publicista de
Cervecería Águila y director del periódico que Mario
había adquirido en 1961, Diario del Caribe.
El sábado 14 de octubre de
1972, cuando el cadáver de El nene Cepeda llegó a
Barranquilla, Julio Mario estaba entre los amigos que
recibieron el ataúd en el aeropuerto y pasaron la noche
a su lado, en conmovedora ceremonia.
Al día siguiente, Julio
Mario fue anfitrión de un sancocho en su casa, evento en
el cual los amigos recordaron los mejores momentos del
autor de Los cuentos de Juana.
Ahora le tocó el turno a
Julio Mario, quizás el hombre de negocios más importante
en la historia del país, al menos el más conocido a
nivel mundial.
Por Ernesto McCausland
Sojo
Julio
Mario Santo Domingo
El empresario barranquillero tuvo una vida apasionante y
fue un triunfador nato en todos los campos. Esta es su
historia.
Fue una coincidencia
extraña. Con solo dos días de diferencia murieron Steve
Jobs, el gran protagonista de la revolución tecnológica
del siglo XXI, y Julio Mario Santo Domingo, el gran
protagonista de la vida económica de Colombia en el
último medio siglo. Sus vidas y sus carreras no pudieron
haber sido más diferentes. Pero así como se dice que
prácticamente todos los habitantes del planeta han
utilizado algún invento de Jobs, todos los habitantes
del país han consumido algún producto o servicio emanado
del Grupo Santo Domingo.
Hace apenas diez años era
normal en el país despertarse oyendo Caracol Radio o
leyendo El Espectador, irse al trabajo en un Renault,
comunicarse durante el día con un celular de la entonces
Celumóvil, almorzar con unas buenas cervezas de Bavaria,
planear un viaje de vacaciones con Avianca y luego
regresar a la casa a comer viendo Caracol Televisión. Y
esas marcas son solo media docena de los cientos de
empresas que la familia Santo Domingo llegó a tener
desde que el padre de Julio Mario, el fundador del
imperio, Mario Santo Domingo, comenzó a hacer negocios
en Barranquilla, a comienzos del siglo XX.
En esos cien años, padre e
hijo lograron estar presentes en todos los sectores de
la actividad económica del país. Cervecerías,
aerolíneas, bancos, compañías de seguros, corporaciones
financieras, petroquímicas, medios de comunicación,
turismo, energía, reforestación, industria automotriz,
camaroneras, comidas rápidas, cines, telefonía,
almacenes de depósito, inversiones inmobiliarias,
agroindustria y otras más. Son pocos los países del
mundo en los que un particular ha llegado a tener tantos
tentáculos.
Sin embargo, más
interesantes que el éxito empresarial de ese grupo son
la personalidad y la vida del hombre que lo construyó:
Julio Mario Santo Domingo Pumarejo. Nació hace 88 años
en Panamá, donde buena parte de la aristocracia
barranquillera tenía sus hijos. Su padre había nacido
ahí cuando el istmo aún pertenecía a Colombia y siempre
mantuvo sus nexos con este. Mario Santo Domingo había
sido un auténtico genio para los negocios. Austero,
disciplinado y extremadamente sencillo, logró
convertirse en el hombre más rico de la costa y en uno
de los hombres más acaudalados del país. Podía vivir
como millonario en cualquier capital del mundo, pero lo
que le gustaba era Barranquilla, su gente y su trabajo.
Y en ese entorno vivió, conquistó y murió sin mayores
pretensiones.
Pocas personas podían ser
más diferentes a él que su hijo Julio Mario. Hasta los
40 años, su fama era la de un hombre apuesto,
indisciplinado, cosmopolita y playboy. El mundo de
madrugar, ir a la fábrica, supervisar las cuentas y los
envíos era el de su padre, pero no el suyo. Había
crecido como hijo de rico y gozaba de todos los
privilegios de esa condición. Don Mario lo había enviado
a estudiar al Gimnasio Moderno en Bogotá, donde se codeó
con todos los cachacos 'niños bien' de su generación.
Después terminó sus estudios de bachillerato en Andover,
uno de los colegios más prestigiosos de Estados Unidos,
donde estudiaron en esa época el futuro presidente
George Bush (padre) y el actor Jack Lemmon. Pasó por las
universidades de Virginia, Pensilvania y Georgetown, sin
graduarse en ninguna. Según la biografía suya escrita
por Gerardo Reyes, de varios de esos claustros fue
expulsado "por cosas de esas que no se usaban en esa
época, como meter viejas al cuarto". Su vocación no era
de académico, sino de buen vividor. Mientras a su padre
le gustaba La Arenosa, a su hijo le encantaban Nueva
York, París y la Costa Azul.
En París conoció a su
primera esposa, una bella y elegante brasileña mayor que
él llamada Edyala Braga. Estaba casada con el hermano
menor del dos veces presidente de Brasil Getulio Vargas,
conocido como el Padre de los Pobres. Rápidamente
tuvieron lugar un romance, un matrimonio y un divorcio
entre ellos, que no pasaron inadvertidos ni en la
sociedad parisina ni en la barranquillera. La pareja se
fue a vivir a esta última, y el matrimonio duró solo
cinco años. Antes de su final, nació el hijo de la
pareja, Julio Mario Santo Domingo Braga, quien falleció
a los 51 años de un cáncer, dos años antes que su padre.
Ese fue uno de los pocos golpes bajos que sufrió un
hombre cuya vida, según todos sus allegados, se
caracterizó por la buena estrella. Le fue bien en el
mundo de los negocios, en el mundo de la sociedad y en
el mundo familiar.
Muchos de los grandes
magnates tienen vidas tormentosas en lo personal y
aburridas en lo profesional. Santo Domingo no padeció ni
lo uno ni lo otro. A pesar del fracaso de su primer
matrimonio y de la muerte de su hijo mayor, construyó y
gozó hasta su último día de un hogar envidiable.
Contrajo segundas nupcias con doña Beatrice Dávila, una
distinguida dama de la sociedad bogotana, quien fue su
compañera de viaje y de alma durante cincuenta años. De
esa unión nacieron dos hijos: Alejandro, un banquero de
inversión que en la actualidad tiene las riendas del
imperio (ver siguiente artículo), y Andrés, un espíritu
más bohemio dedicado al negocio de la música. La familia
ha residido desde hace 35 años en Nueva York, en donde
el apellido Santo Domingo es objeto de admiración,
respeto y envidia. Hoy heredan esa posición sus hijos,
quienes serán los perpetuadores de la dinastía.
Todo ese poder fue
construido alrededor de un solo negocio: la cerveza. A
pesar de que los Santo Domingo llegaron a tener 200
empresas, la vaca lechera siempre fue una sola: Bavaria.
Su liquidez era tan grande que los obligaba a
diversificar en docenas de negocios que no eran
rentables. En ellos se podía llegar a perder miles de
millones de pesos, pero la cerveza daba para todo. Uno
de los factores que han permitido la consolidación de la
fortuna Santo Domingo en la última década ha sido la
decisión de vender todos esos negocios marginales y
concentrarse en lo que siempre han sabido hacer bien y
nunca les ha fallado, la cerveza. El pionero en ese
campo fue don Mario, quien en los años treinta compró la
cervecería Águila de Barranquilla, con la cual llegó muy
pronto a dominar el mercado de la costa. En 1968,
mediante una ingeniosa fusión, los Santo Domingo
acabaron por adquirir el control de Bavaria, la empresa
privada más grande del país. El negocio en el fondo fue
tan genial como polémico. Bavaria dominaba el mercado
cervecero, pero era una compañía en bolsa en la cual
ningún accionista tenía más del 5 por ciento. Águila era
una empresa mucho más pequeña, pero en el intercambio de
acciones de la fusión se convirtió en la accionista
mayoritaria con un porcentaje cercano al 10 por ciento.
Desde esta plataforma, Santo Domingo acabó, en menos de
medio siglo, a través de diversos golpes de jugador de
póker, por convertirse en el propietario del 75 por
ciento de la empresa y del monopolio de la cerveza en
Colombia.
Esas jugadas maestras
fueron de varios tipos. Se requirió, por una parte, que
Santo Domingo le comprara al resto de la familia sus
participaciones en las empresas, hacer aumentos de
capital en que el único comprador fuera él y, por
último, comprar las otras cervecerías o quebrar aquellas
que no le fueran vendidas. Ninguna de estas tres jugadas
era fácil.
El patriarca Mario Santo
Domingo tenía cuatro hijos: Julio Mario, Luis Felipe,
Beatriz Alicia y Cecilia. La herencia después de su
muerte, por lo tanto, quedaría repartida en cuatro
partes. Sin embargo, como el otro hijo varón murió en un
accidente automovilístico en 1963, las riendas de los
negocios recayeron en manos de Julio Mario, el hijo
mayor. En 1972 murió su hermana Cecilia y como no tuvo
hijos, su viudo aceptó venderle a Julio Mario la
participación del grupo que le correspondía a su mujer.
A su otra hermana, Beatriz Alicia, también le compró
gran parte de sus acciones. Y por último, negoció la
participación de los hijos de su hermano fallecido en
medio de un conflicto familiar bastante álgido. Con
todas estas movidas, la fortuna de una familia había
acabado concentrada casi en su totalidad en la cabeza
del primogénito.
Pero aun sumando las
acciones de sus hermanos, la participación de Santo
Domingo en Bavaria apenas superaba el 10 por ciento al
comenzar la década de los setenta. ¿Cómo se logró pasar
de ahí a un 75 por ciento en cuarenta años? Básicamente
a punta de aumentos de capital. Cada tanto tiempo se
hacía una emisión de acciones a su medida. Las
condiciones en que se sacaban al mercado no eran muy
atractivas para el inversionista pequeño, de tal suerte
que casi toda la emisión era siempre adquirida por Santo
Domingo. Bajo esta modalidad, cuando se retiró Carlos
Cure de la presidencia de la cervecera, en 1983, el
porcentaje de Santo Domingo había pasado de un poco más
del 10 al 42 por ciento. Durante los 15 años siguientes
en los que la empresa fue gerenciada por Augusto López,
los aumentos de capital produjeron un salto al 68 por
ciento. Y después de esto, una oferta pública de
adquisición (OPA) hecha a los accionistas minoritarios,
con una prima del 20 por ciento sobre el precio en
bolsa, le permitió a Santo Domingo quedar de dueño de
Bavaria en una proporción cercana al 75 por ciento.
En esos mismos años, esa
empresa había logrado no solo quedarse con el monopolio
de la cerveza en el país, sino convertirse en una
multinacional. Obtuvo el control total del mercado
colombiano a través de una serie de movimientos
financieros que le permitieron al final fusionarse con
Cervunión, la cervecería paisa. Y la expansión
internacional se logró inicialmente a través de la
compra a un precio de ganga de las cervecerías de
Ecuador y de Portugal. Esta última fue vendida para
concentrarse en Latinoamérica, lo que desembocó en las
adquisiciones de los monopolios del negocio tanto en
Panamá como en Perú. Con esto, Bavaria se consolidó como
el ama y señora de gran parte del mercado regional.
Esto le dio la capacidad
para negociar con SabMiller y repetir a nivel
internacional lo que Águila había hecho con Bavaria en
1968: un intercambio de acciones en el cual se ingresa
como minoritario, pero rápidamente se comienzan a dar
pasos de animal grande. En esta ocasión la fusión entre
Bavaria y SabMiller convirtió a esta última en la
segunda cervecera más grande del mundo y dejó a la
familia Santo Domingo con el 15,1 por ciento de la
multinacional. El valor de esas acciones se acerca hoy a
los 9.000 millones de dólares y, al cierre de esta
edición, el precio estaba subiendo ante especulaciones
de que Anheuser Busch InBev, la cervecería más grande
del mundo, estaría interesada en comprar SabMiller. Si
eso llegara a suceder, lo cual es difícil, la pequeña
cervecería barranquillera heredada por Julio Mario Santo
Domingo podría acabar controlando la tercera parte del
mercado mundial de la cerveza. El hombre responsable de
este milagro económico no solo fue el protagonista
central de la historia empresarial del país en la
segunda mitad del siglo XX, sino que también dejó muy en
alto el nombre de Colombia en el resto del mundo.
Fuente: http://www.semana.com/nacion/julio-mario-santo-domingo/165464-3.aspx
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