Yolanda Plaza Ruiz
Torrejón de Ardoz 28850 Madrid (España)

El siniestro mercadeo de
animales
"Todo necio confunde valor y precio" así ha
ocurrido antes y después de que Machado escribiese esta
frase. En los bajos instintos de una cantidad
considerable de ciudadanos permanecen bien arraigadas
las miserias propias de antaño, el tiempo en el que una
vida se podía pagar y comprar, hacer negocio, pasar de
una mano a otra, como si de un objeto se tratase.
Evidentemente hay individuos que se venden por un “plato
de lentejas”, pero aun existen los que permanecen
íntegros, con valor pero sin precio. Estos suelen ser
personas que también respetan y reconocen el derecho a
existir de otros, ya sean humanos o animales.

En
estos días del año, es tradición el intercambio de
regalos y buenos deseos. Pero desgraciadamente también
es una de las épocas en la que más se comercia con la
vida de individuos indefensos, recién nacidos. Me estoy
refiriendo a los animales llamados domésticos, un
negocio en aumento en nuestro país y en el resto del
mundo. Se estima que más de 200.000 perros, gatos, etc.
entran en nuestro territorio procedentes de lugares como
Hungría, Eslovaquia y República Checa. Por supuesto en España
existen criaderos legales e ilegales de animales como
negocio rentable para quienes mantienen a estas
criaturas como mera mercancía y en el caso de las
hembras, como fábricas de cachorros a jornada completa.
La
presidenta de Amnistía Animal en la Comunidad de Madrid,
Matilde Cubillo ha expuesto recientemente la cruda
realidad del tráfico de animales domésticos. Según su
informe: «La mayoría de las tiendas españolas de
animales venden cachorros procedentes de Europa del
este. Los compran por unos 60 euros y los venden por
600, 800 e incluso más de 1.000. Muchos de ellos, con
apenas 20 días, tienen que superar un viaje agotador de
tres días en camión, sin recibir los cuidados
necesarios». No hay que ser un experto para entender que
muchos de estos animales mueren en el camino. Los más
fuertes, los que logran sobrevivir están rodeados de los
cuerpos muertos de sus compañeros, entre sus propias
heces y orines, sedientos, hambrientos, enfermos,
separados de sus madres a los pocos días de nacer,
encerrados, atemorizados. Al llegar a su nuevo destino,
siguen enjaulados, desorientados, expuestos a la vista
de los irreflexivos compradores, ignorantes o no de su
realidad, sin valorar su vida, sólo importa el “precio”.
En ocasiones, estos animales tienen la suerte de ser
comprados por personas responsables, sabedores de que se
trata de un individuo vivo, con necesidades físicas y
emocionales, con un compromiso adquirido de por vida.

Pero
las estadísticas nos demuestran una realidad
estremecedora: cerca de 200.000 animales fueron
recogidos por abandono en el 2008. Cabe resaltar que en
estas cifras no se encuentran los miles de ellos que no
son localizados, que malviven y mueren en la más
absoluta indiferencia. Según la D.G.T. el año pasado se
produjeron 3000 siniestros en los que el protagonista
involuntario e indefenso era un can.

Es
vergonzoso percibir cómo en un país donde la tasa de
abandono es sangrante, las autoridades no ponen límites
al negocio lucrativo de seres con valor pero sin
precio. Miles de voluntarios en España sacrifican su
escaso tiempo y recursos económicos para recoger y
cuidar a estos inocentes, intentando encontrarles un
nuevo hogar. Una compañero humano fiel que respete y
aprecie su derecho a vivir dignamente, que no le compra
por unas monedas, que lo adopta y lo acoge como uno más
de la familia.
Como
dijo Woodrow Wilson: “Si un perro no viene a ti después de mirarte a la cara, es mejor
que vayas a casa y examines tu conciencia”.
Examinar
nuestra conciencia, un acto que muchos han dejado de
practicar, extirpando cualquier sentimiento incómodo que
les recuerde la necesidad de hacer cambios profundos en
su comportamiento. “¿Por qué algunos escuchan su
conciencia y otros la maldicen por incómoda?”, se
preguntaba Benedetti. No podemos continuar considerando
la vida de un animal como mera mercancía o posesión.
Acabar con este siniestro negocio depende de nosotros.
No compre animales. Si quiere convivir con un perro o un
gato, adopte alguno de los que sobreviven en los
centros de acogida, o salve la vida de aquel que tiene
los días contados esperando una muerte segura en el
recinto de una perrera, esos que han sido abandonados
por otros seres humanos, con dinero, pero sin
conciencia.

http://delavidaylapalabra.blogspot.com/2010/01/el-siniestro-mercadeo-de-animales.html
Fuentes:
http://www.larazon.es/noticia/los-perros-abandonados-provocaron-3-000-accidentes-de-trafico-en-2008
http://www.larazon.es/noticia/806-el-trafico-de-cachorros-de-raza-cobra-fuerza-en-reyes

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