Sabanalarga - Atlántico - Colombia
'Nacimos' en el siglo XX, seguimos 'creciendo' en el siglo
XXI
Un Periódico con
identidad, con una misión y una visión.
Yolanda Plaza Ruiz
Torrejón de Ardoz 28850 Madrid (España)
La bondad,
un antídoto contra la apatía
Hay
quien dedica parte de su vida a hacer el mal sin mirar
al cual , pero hay quienes aun hacen el bien sin mirar a
quien.
Vivimos
en una sociedad en la que la compasión y la bondad han
perdido popularidad, a tal grado que es difícil
encontrar personas verdaderamente altruistas que
trabajen voluntariamente por ayudar a otros sin esperar
nada a cambio, pero haberlas las hay. La capacidad de
sacrificio en favor de un semejante desfavorecido no es
exclusivo de la especie humana, entre los animales
también existen muestras de verdadero altruismo. Un buen
ejemplo lo tenemos en las ratas. El psicólogo Jeffrey
Moussaieff Masson nos explica algo muy interesante sobre
la compasión animal en su libro Dogs Never Lie About
Love (Los perros nunca mienten sobre el amor):
“El animal que vive en una comunidad aprende el valor
de ayudar a otro individuo. Las ratas son reacias a
bajar una palanca para obtener comida si al hacerlo
generan una descarga eléctrica contra una compañera.
Inevitablemente bajarán la palanca que no provoque la
descarga, y algunas hasta renunciarán a la comida antes
que lastimar a sus amigas”. Los perros son un
buen ejemplo de ayuda en acción incluso para individuos
que no son de su especie. Las noticias de canes que han
salvado a algún humano (aun siendo desconocidos) de una
muerte segura, y en muchas ocasiones poniendo en peligro
su propia vida, son interminables.
Hace años
leí un artículo escrito por Elena F.L. Ochoa titulado
“Insultos” en el que hacía esta reflexión: “La bondad
[…] tiene que tener los límites de la astucia, y no
porque uno suponga que el amor es un fin en sí mismo
encontrará verificada esta hipótesis en la realidad. De
todo hay, y la vida, como máximo, es un ondulante juego
de claros y oscuros que enturbian las mejores
intenciones. La vida es un insulto a la bondad”. Pero la entrega y sacrificio de algunos de nuestros
congéneres hacia los más indefensos es un antídoto
contra el desaliento.
Son muchas las personas que dedican su tiempo libre, sus
energías, incluso su escaso poder adquisitivo para
ayudar al prójimo. Pero, como mencionaba Ochoa, a veces
se “enturbian las mejores intenciones” y esto es lo que
les ocurre a muchos ciudadanos que socorren a los
animales abandonados. Estas personas se encuentran con
el nulo apoyo (en la mayoría de los casos) de las
autoridades locales y en ocasiones, aguantan los ataques
de otros ciudadanos que menosprecian su labor. Una labor
encomiable que repercute positivamente en la sociedad.
Pregúntese: ¿Qué ocurriría en las ciudades si nadie
auxiliara a los miles de gatos y perros
abandonados?
El trabajo de los ayuntamientos, en este campo, se basa
exclusivamente en la captura y sacrificio de los
animales que presentan un riesgo para la sanidad
pública. Estos voluntarios, en cambio, atienden las
necesidades básicas de estas criaturas, dándoles lo que
la sociedad les ha negado: protección, alimento, afecto,
y en muchas ocasiones consiguen encontrarles un nuevo
hogar, librándoles así de una vida miserable en las
calles. Un ejemplo de esto lo tenemos en Cádiz, donde
personas “en el buen sentido de la palabra, buenas”
cuidan de los gatos que malviven en el Campo del Sur. Es
estremecedor ver un vídeo que ellas mismas han grabado
donde nos muestran su trabajo incansable, ante viento y
marea, recibiendo como única recompensa a su sacrificio
el cariño de estos felinos.
Albert
Einstein dijo: «Los ideales que han iluminado mi
camino y una y otra vez me han infundido valor para
enfrentarme a la vida con ánimo, han sido: la bondad,
la belleza y la verdad». Cuánta belleza tienen
las imágenes de una anciana dando comida a un gatito
abandonado. Cuánta luz nos ofrece la visión de jóvenes
activistas por los derechos de los animales, poniéndose
simbólicamente en el lugar de los toros torturados y
matados por puro placer, demostrando a la ciudadanía que
la compasión y la bondad son pilares fundamentales para
una sociedad más justa, con una ética en la que el
sadismo contra una criatura inocente no tiene cabida. De
un punto a otro del país encontramos seres humanos que
nos demuestran lo que es el verdadero altruismo. Mujeres
y hombres, jóvenes y mayores, modelos de salud mental y
de riqueza interior, que nos ayudan a ver algo de luz
entre tanta oscuridad. “La vida es un insulto a la
bondad” pero el ejemplo de estos ciudadanos es un
antídoto contra el veneno del egoísmo y la pasividad.