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Huida de
Cano: Santos debe decir qué pasó
No se sabe qué es peor, si la noticia de que el
Gobierno dejó escapar a Alfonso Cano del Cañón de las
Hermosas, donde las fuerzas militares lo tenían cercado,
o la desenvoltura como el presidente Juan Manuel Santos
trató y trata este gravísimo asunto.
“Es posible”, fue la
respuesta dada a CNN en español por el jefe de Estado
colombiano. Y eso fue todo. No hubo otro detalle, ni un
análisis mínimo de lo que pudo haber ocurrido el domingo
13 de febrero de 2011 en ese rincón del sur del Tolima.
Tal respuesta no es sólo
lacónica: es incompleta, es inepta y ambigua. Esa
respuesta permite pensar que el jefe de Estado
colombiano no estaba informado, o estaba mal informado.
Un jefe de Estado, en materia tan grave, no puede
contentarse con dudas, con tener una noción vaga de las
cosas. Debe saber o, al menos, saber que no sabe, que
ignora lo esencial, o que su información aún no ha sido
verificada. Nadie le habría reprochado nada al
presidente Santos si admite que está esperando una
confirmación. Pero no, el sólo dijo “Es posible”. Y dejó
al país entero en vilo.
El presidente debe decirle
al país qué pasó en esa escala no prevista y abusiva que
hizo el helicóptero brasileño con Piedad Córdoba a
bordo. Esa activista dirigió el aparato con precisión
hasta el caserío de San José de las Hermosas y después
salió con el cuento de que había “copiado mal” las
coordenadas que le habían dado las Farc. Ella no copió
mal: en ese punto la esperaba un fuerte destacamento del
frente 21 de las Farc, es decir los guardianes más
cercanos de Alfonso Cano. Fue así como el jefe de las
Farc, ante la negligencia del gobierno, y con el
pretexto de entregar un secuestrado que no estaba
previsto en la lista de ellos, pudo escapar, por los
aires, según las versiones conocidas.
La fuga de Cano fue
revelada desde el lunes por un puñado de periodistas que
se atrevieron a informar, aunque sin pruebas, que ese
individuo había sido sacado en uno de los helicópteros
brasileños. Gracias a ellos, CNN pudo lanzar la pregunta
a Santos. De lo contrario, nadie habría sabido que ese
domingo el país había sido burlado por las Farc y por
Piedad Córdoba.
Creyéndose muy hábil y muy
fuerte, el gobierno quiso frotarse a las maniobreras
Farc. Y ahí está el resultado: salió tumbado. Como
muchos observadores lo decimos desde hace mucho tiempo:
toda veleidad negociadora o de tratos, aún así sean
puntuales y mínimos y esporádicos, con esa gente, se
saldarán con derrotas para el Estado y para la sociedad.
Pues jamás habrá con las Farc un contacto “mínimo” que
no se transforme en “máximo”. ¿Cuándo aprenderemos la
lección?
Lo ocurrido el domingo es
el resultado del abandono de la seguridad democrática.
Al dejar de lado esa doctrina, el gobierno no tiene una
de recambio y escogió su vía crucis: ahora tendremos que
analizar las cosas del país a la luz de lo que puede
pasar en un contexto de inseguridad democrática.
El traslado de Cano a otro
lugar, o a otro país, es un hecho gravísimo para la
seguridad de Colombia. Lo ocurrido el domingo es
igualmente peligroso desde el ángulo diplomático: en ese
episodio terminaron involucrados, quiéranlo o no, el
CICR y dos gobierno extranjeros, Brasil y Venezuela.
Pues un grupo de Telesur obtuvo misteriosamente las
coordenadas que ni Bogotá conocía y estuvo presente para
montar un show publicitario en ese caserío. Tarde o
temprano esa gente le pasará a Colombia la cuenta por
eso.
Alfonso Cano no es un
criminal ordinario. Es el jefe de una organización
comunista que se mueve, con ayuda extranjera, como un
ejército invasor de Colombia. Es él quien decide y
ordena las grandes operaciones y maniobras, las
matanzas, emboscadas, secuestros, robos, y todo tipo de
delitos contra la seguridad y estabilidad del país.
Por eso los ciudadanos
tenemos derecho a pedir explicaciones al gobierno, pues
se trata de la seguridad actual y futura de nuestras
familias, de nuestros hijos, de nuestros compatriotas.
Una respuesta como esa
(“Es posible”) suena más a respuesta displicente
dirigida a alguien que se interroga sin tener derecho a
interrogarse. ¿Eso somos los colombianos para el
presidente Santos?
No es posible guardar en
secreto lo que ocurrió el domingo. Parece que los
colombianos somos los únicos que no sabemos nada. Los
gobiernos sí lo saben. Basta saber que el radar de
Chiribiquete tuvo que haber registrado cada uno de los
pasos y movimientos del helicóptero el domingo. Si ese
aparato llegó hasta territorio venezolano o brasileño
debe existir ya la prueba de eso. Y otros radares
pudieron también observar lo mismo. Eso ya lo saben
Washington, Caracas, Quito y Brasilia. Sólo la opinión
pública colombiana ignora todo al respecto.
Y lo sabrán muy pronto en
Buenos Aires donde Piedad Córdoba, y sus cómplices del
Foro de Sao Paulo, es decir todas las sectas marxistas
del continente, celebrarán en un mitin la escapada de
Alfonso Cano. De allá regresará la ex senadora no para
una cárcel, como lo merece, sino a seguir en su farsa de
la “mediación” desinteresada. Y a pedir que la
condecoren.

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