Medio
ambiente
¡Asfixiados!
semana.com
Colombia
no
había
tenido
una
crisis
de
agua
como
esta:
ríos
secos
tienen
a
200
municipios
en
ascuas,
en
cinco
departamentos
perforan
pozos
profundos
para
no
morirse
de
sed,
las
heladas
se
adelantaron
y
los
incendios
forestales
no
dan
tregua.
El
país
está
mal
preparado.
Hoy
hay
dos
convoyes
de
barcazas
que
trasportan
productos
de
grandes
empresas
encallados
en
el
río
Magdalena
por
los
lados
de
Pinillos,
en
el
departamento
de
Bolívar.
Llevan
así
casi
dos
semanas
por
cuenta
del
bajo
nivel
del
agua
del
río
y la
cosa,
según
los
pronósticos
del
Ideam,
no
parece
mejorar.
Cormagdalena,
de
manera
urgente,
tuvo
que
adjudicar
un
contrato
para
construir
un
canal
de
60
metros
de
ancho
que
les
permita
llegar
al
muelle.
Y
algo
similar
tendrán
que
hacer
en
los
sectores
de
San
Pablo
y
Vueltacuña,
en
Puerto
Berrío,
en
donde
el
nivel
del
agua
ya
está
por
debajo
de
los
cuatro
y
cinco
pies,
lo
mínimo
que
se
necesita
para
que
una
embarcación
navegue.
Empresas
como
Ecopetrol,
Sofasa,
Argos
y
Familia,
que
lo
utilizan
a
diario,
están
en
serios
problemas
porque
sus
productos
están
llegando
atrasados
a su
destino.
Según el Viceministerio del Agua, el Magdalena no es
el único río que está perdiendo caudal. Los ríos Cauca, Atrato y
Meta presentan una reducción más marcada. Esto sin contar con los
más de 200 municipios que hoy están en serio riesgo de quedarse sin
agua. ¿La razón? La mayoría de los acueductos del país no se
abastecen de embalses ni de represas sino del caudal de ríos,
quebradas y riachuelos que se están secando.
Lo que es peor: el período más difícil del verano apenas comenzó
esta semana y, según el Ideam, se extenderá hasta abril. La
temperatura está dos grados por encima de lo normal y las primeras
afectadas son las cuencas hidrográficas. El río Pamplonita, por
ejemplo, el más importante de Cúcuta, ya se secó. Es tan crítica la
situación en los Santanderes que más de medio millón de personas hoy
tiene racionamiento sectorizado de agua por tres horas; y de acuerdo
con los pronósticos del gobierno, la idea es aplicar el
racionamiento en 22 municipios de Cundinamarca, dos de Boyacá y dos
de Magdalena.
En este último la situación de crisis se disparó hace dos semanas
cuando -por la época de vacaciones- se duplicó la población. La
administración de Santa Marta, además de hacer campaña en los
hoteles y en las residencias, tuvo que perforar tres pozos profundos
que esperan terminar en una semana para extraer agua subterránea.
Al parecer esa es la única vía de escape en estos tiempos de sequía.
Según José Ballesteros, asesor del Ministerio del Medio Ambiente, el
agua subterránea será la salvación a mediano y largo plazo. "Si esto
es un Fenómeno del Niño moderado, imagínese uno severo", afirma.
Ingeominas ya ha avanzado con el estudio preliminar para perforar en
Nariño, Santander, La Guajira y el Eje Cafetero.
Y como si la sequía de los ríos fuera poco, los primeros días de
enero estuvieron cargados de incendios forestales. Según el
Ministerio del Interior, 2.200 hectáreas han sido arrasadas por el
fuego en lo que va corrido de 2010. Setenta y siete municipios en 11
departamentos han visto arder sus bosques y más allá del incansable
trabajo de los bomberos es poco lo que se puede hacer.
En la primera semana del año, por ejemplo, 35 incendios forestales
fueron reportados en Bogotá, Boyacá y Cundinamarca. En sólo
Antioquia 25 y en Bucaramanga 19.
A esta crisis habría que sumarle las heladas en Cundinamarca,
Boyacá, Nariño y Cauca, que este año se adelantaron. Según el Ideam,
aunque es un fenómeno común en los primeros dos meses del año esta
vez madrugaron pues las temperaturas más bajas -cinco grados bajo
cero, que normalmente se daban en febrero- ya se han registrado en
Sopó, Cundinamarca. El Instituto Colombiano Agropecuario advirtió la
semana pasada que al menos 58.000 hectáreas de cultivos de flores,
hortalizas y pastos en Cundinamarca y Boyacá están en riego de
perderse por las bajas temperaturas.
Pero a todas estas, con la mitad del país secándose y la otra mitad
incendiada y helada no se ven estrategias de contingencia a mediano
y largo plazo por parte del gobierno para evitar efectos más
devastadores que los actuales.
La primera alerta que dio el Ideam al gobierno sobre la ola de calor
fue en el primer semestre de 2009. Y desde agosto sus funcionarios
comenzaron a reunirse con representantes de los departamentos para
evaluar cómo estaba el tema de concesiones de agua, activar un
monitoreo en las reservas hídricas y hacer un inventario de los ríos
más críticos.
El jueves pasado, el Ministerio de Medio Ambiente decretó la
emergencia ambiental en el país para facilitar la contratación de
equipos especiales y la gestión de recursos de cooperación
internacional para atender las emergencias.
Las sanciones económicas parecen ser el otro recurso al que apela el
gobierno para contrarrestar esta crisis. De ahí viene el anuncio que
se hizo al final del año de que se aumentará al doble la tarifa del
agua para quienes despilfarren el preciado líquido. Según cálculos
del gobierno, la medida podría afectar a 2,4 millones de
colombianos.
A eso se le suman las multas que hay para los pirómanos, multas para
las familias que laven el carro tres veces por semana, multas para
los hoteles que no hagan campañas de ahorro con sus huéspedes y
multas para los municipios que consuman más metros cúbicos de agua
de lo normal.
Pero el problema ambiental en Colombia va más allá de la coyuntura
por el Fenómeno del Niño y de la educación a la población. Son 750
los municipios del país que en época normal (sin Fenómeno) tienen
problemas de agua potable y, en algunos casos, el déficit hídrico se
da porque los entes territoriales no tienen un control detallado del
agua que está en concesión ni para qué la están utilizando. No hay
monitoreo y para nadie es un secreto que en la mayoría de los
departamentos hay un uso ilegal del agua.
A eso se le suma, como registró el portal lasillavacia.com, que el
mapa hídrico del país está siendo alterado a velocidades
impensables. Año tras año el gobierno otorga permisos para grandes
proyectos, como la construcción de hidroeléctricas, embalses o la
creación de nuevos distritos de riego para cultivar palma africana,
que no sólo desvían los ríos y ocupan sus cauces sino que atentan
contra la fauna.
Esta crisis del agua -que apenas está comenzado- es un campanazo de
alerta no sólo para los ciudadanos de a pie sino para los
gobernantes: es hora de crear planes de contingencia y mejorar la
infraestructura hídrica del país.