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La mala hora de la
ganadería
Por Abelardo De la Espriella
El gremio ganadero enfrenta
aciagos momentos: la unidad requerida para mantener a
flote a una asociación
de
la importancia de Fedegán parece fracturarse cada día
más. Del otrora gremio cohesionado no queda nada: hoy el
mundo ganadero está dividido y completamente polarizado.
Es tan grande el descontento que por primera vez la
Feria Nacional Cebuísta se celebró en la misma fecha del
Congreso Nacional de Ganaderos, en un claro mensaje
disidente. Además, incontables miembros de las juntas de
asociaciones departamentales de ganaderos no asistieron
al cónclave gremial, y los cerca de mil participantes
que tuvo ese evento no representan el 0,05% del total de
personas dedicadas a esa noble actividad en Colombia.
La guerrilla y la pobreza dejaron de ser los enemigos:
la lucha intestina por el poder y las vanidades
exacerbadas ocupan esa franja y acaparan la atención. Al
final, el gran damnificado es el ganadero de siempre, el
de toda la vida, aquel para el cual la actividad del
campo no es una impostura, sino una forma de ver el
mundo y de vivirlo. Los beneficiados, paradójicamente,
son los cortesanos, la ‘elite’, los seudo-ganaderos VIP
que disfrutan de los privilegios y prebendas que da la
cercanía al trono; el resto que se salve como pueda.
La ganadería colombiana participa en el PIB del sector
agropecuario con cerca del 35%, y en el 5% del PIB
nacional. La actividad ganadera genera más de 1.500.000
empleos directos y otros cientos de miles indirectos.
Los impuestos que producen los predios ganaderos y las
subastas en donde se comercializan 2.000.000 de cabezas
al año son el oxígeno financiero de la mayoría de
municipios de Colombia. El Fondo Nacional del Ganado
recauda cincuenta mil millones de pesos al año por
concepto de la cuota parafiscal por cada kilo de carne y
litro de leche que se venden.
Si la industria ganadera produce tan elevados dividendos
para el gremio y la Nación, ¿por qué el consumo de carne
y leche no ha aumentado en los últimos 5 años, sino que,
por el contrario, bajó considerablemente? ¿Qué hace
Fedegán para incentivar el consumo y aumentar los
precios? Una botella de agua tiene mayor costo que un
litro de leche; la carne es más barata que hace algunos
años.
Algo anda mal, ¿acaso esta hecatombe es el producto de
la aplicación de políticas inadecuadas o es la
consecuencia del incremento desbordado de la burocracia
y los viajes al exterior de los ‘privilegiados’ del
gremio que derivan en erogaciones que le restan recursos
a los programas de difusión y socialización para el
consumo?, ¿o será más bien el resultado del radical
viraje del objeto social de la agremiación? Fedegán,
además de sus ya conocidas atribuciones, hoy por hoy
funge de ‘grupo de inversiones’: se metió en el negocio
de los frigoríficos con Friogán (ejercicio que ha
resultado espeluznante: la deuda que tienen por cuenta
de ese mal invento supera los sesenta mil millones de
pesos) y en la venta de insumos, actividades que nada
tienen que ver con el espíritu de Fedegán.
Creo firmemente que la suma de los hechos descritos
anteriormente es una bomba de tiempo que dará al traste
con el esfuerzo de muchos –como el inmolado José
Raimundo Sojo– por construir una política ganadera
coherente y ajustada a nuestra realidad, que propenda
por el bienestar de todos y no de unos cuantos.
El Ministro de Agricultura y la Contralora General de la
República tienen la obligación legal y moral de tomar
cartas en el asunto. La ganadería es patrimonio de todos
los colombianos.
La ñapa I: Ahora sí se pellizcaron los cachacos con el
invierno, ¿por qué solo ahora cuando las inundaciones
llegaron a Bogotá?
La ñapa II: La labor que realizan en Barranquilla las
fundaciones Germen de Paz y Fútbol con Corazón es
invaluable.
abdelaespriella@lawyersenterprise.com
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