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1.200 familias de Arenal
pasarán otra Navidad bajó el
agua
Por
Rainiero Patiño Martínez
www.elheraldo.co
Foto Jesús Rico
A unos cuantos pasos
del agua que sube de nivel
constantemente dos mujeres
peinan sus cabellos con un
secador
eléctrico
en la terraza de una casa y
un grupo de jóvenes juega a
las barajas con la pasmosa
resignación de damnificados
habituales. 1.200 familias
de Arenal, Bolívar, pasarán
su segundo año consecutivo
bajo el agua, el
desbordamiento del Arroyo
San Juan es esta vez el
causante del drama.
La corriente
del San Juan no soportó las
constantes y fuertes lluvias
de los últimos días, terminó
desbordándose y anegando la
parte baja de la población
bolivarense. La inundación
fue súbita y muy pocos
alcanzaron a sacar sus
pertenencias.La tragedia se
repite exactamente un año y
dos días después que las
aguas del Canal del Dique
hicieran lo propio. El éxodo
de la gente y el traslado a
los cambuches se han vuelto
un hábito doloroso y cíclico
para todos los arenaleros.
Las calles
están repletas de botellas y
bolsas plásticas que flotan
junto a las canoas cargadas
de enseres y
electrodomésticos empapados,
“echados a perder”. Jesús
Martínez y los otros seis
miembros de su familia
tratan de acomodar todas sus
pertenecías en un pequeño
cambuche sobre el jarillón,
mientras pueden trasladarlas
a un lugar seguro.
Para Fernado
Ortega, líder cívico, el
problema se genera porque
las salidas de los arroyos
hacia el Canal tuvieron que
ser selladas por el gran
nivel del río. “El agua se
estanca y no tiene para
dónde correr". Luis Utria,
secretario del Interior
Municipal, dice que se
necesitan con urgencia dos
motobombas de 36 pulgadas
cada una para evacuar el
agua y evitar epidemias. En
el sur del Atlántico. La
Corporación Autónoma
Regional del Atlántico, CRA,
mantiene la alerta en el sur
del Atlántico, por
incrementos en los niveles
del Canal del Dique y el
embalse El Guájaro, que hoy
presentan cotas de 6,59 y
6,12 metros respectivamente.
En el caso
del Embalse, la cota supera
en 16 centímetros los
promedios históricos para la
época, según informó el
Director de la CRA, Alberto
Escolar.La Corporación viene
agilizando las acciones de
contención y mitigación de
inundaciones en las zonas
críticas, para evitar
afectaciones en los
municipios asentados en
inmediaciones del embalse El
Guájaro y el Canal del
Dique, como levantamiento de
barreras y jarillones, que
permitan controlar
desbordamientos. En el caso
de las pequeñas filtraciones
que se presentaron desde el
embalse hacia la zona de
motores de las compuertas en
Villa Rosa, Escolar dijo que
ya fueron controladas.
“Aunque a la
fecha, no se han reportado
emergencias mayores que
pongan en riesgo las
poblaciones”, dijo.
Colombia
se ahoga
Fuente: http://www.semana.com/nacion/colombia-ahoga/168164-3.aspx
El gobierno ha hecho un esfuerzo para mitigar el impacto
de la lluvia. Pero se empieza a descubrir que muchos de
los daños son provocados por vacas, minería ilegal y mal
manejo de tierras. Hay abiertas 267 indagaciones
Hace un año, el ministro
de Transporte, Germán Cardona, dijo: "No puede ser que
la vía Manizales-Mariquita, o la Bucaramanga-Cúcuta, o
que la llamada carretera de la Prosperidad en Magdalena
se cierren cada vez que hay un aguacero". Hoy la mala
noticia para él es que sí pudo ser. Esta segunda ola de
invierno que azota al país, a pesar de que en cantidad
de lluvias apenas es una tercera parte de la primera
ola, ha tenido un impacto devastador: 11 troncales
principales colapsaron y hay 33 vías secundarias con
complicaciones y 2.600 tramos rurales destruidos (ver el
siguiente artículo).
Los colombianos están
aterrados viendo cómo se repiten, calcadas, las imágenes
de la inundación en la autopista que de Bogotá conduce a
la sabana. O las filas de personas haciendo trasbordo de
un bus a otro en un lodazal que de Bucaramanga conduce a
Barrancabermeja. Y se preguntan: ¿cómo pudo suceder esto
si desde hace un año se anticipó lo que venía?
Y eso no es todo. En cada
temporada, estos inviernos recargados vienen con
sorpresa: así como hace un año al Canal del Dique se le
abrió un boquete por el que pasaba un caudal como el del
río Cauca que inundó por completo más de cinco
municipios, ahora el daño sorpresa se dio en una arteria
vital del país, La Línea, en la que una avalancha cortó
el paso de las exportaciones que van para Buenaventura.
La diferencia ahora es que
la paciencia se acabó. Mientras la crudeza del invierno
del año pasado sorprendió a todos -se presentaron
lluvias entre siete y ocho veces por encima del
promedio- y se le achacó gran parte de la culpa a la
naturaleza, este año ya no hubo compás de espera y la
gente, automáticamente, comenzó a preguntarse: ¿quién
tiene la culpa? ¿Hasta dónde la ola invernal nos llevó a
esta situación? ¿O hasta dónde la falta de previsión?
De hecho, todas las 'ías'
anunciaron investigaciones. Hay 267 indagaciones previas
por parte de la Fiscalía, la Procuraduría y la
Contraloría, para determinar si les cabe culpa a
ministros, gobernadores, alcaldes y otros funcionarios
por los daños causados por las lluvias. La baraja de
posibles culpables se abrió al principio de la semana
con el ministro de Transporte, al cual la Contraloría le
anunció una investigación preliminar, y se cerró con la
idea de que buena parte de la culpa les cabía a las
Corporaciones Autónomas Regionales, las cuestionadas CAR,
por no hacer un control efectivo de las normas del medio
ambiente.
La cacería de brujas llegó
a ponerse tan tensa que el presidente Juan Manuel Santos
lo primero que dijo cuando regresó el jueves de su gira
por Londres y Turquía fue: "Como lo hemos venido
diciendo desde hace más de un año, esto se sabía que se
iba a presentar. Hay fenómenos que simplemente no se
pueden evitar". Y como el presidente, otros funcionarios
coinciden en una misma explicación: "La tierra es como
una esponja y cuando cae mucha agua, se rebosa y provoca
los deslizamientos".
Es verdad que la
naturaleza es poderosa, pero al revisar algunos de los
casos que mayor impacto han tenido, no es del todo
cierto que la culpa sea solo de la lluvia y que los
daños no se hubieran podido evitar.
El de La Línea, por
ejemplo. Tiene la culpa un cultivo de madera que hay en
la parte alta de la carretera. Según cuenta el ministro
Cardona, entre los troncos caídos y la maleza se formó
una especie de presa y esa agua acumulada, cuando se
soltó, arrastró una roca de tres metros cúbicos y no
cayó directamente en la carretera, sino en la cuneta, y
de ahí rodó hacia el tubo de desagüe gigante que va por
debajo del asfalto -conocido como box culvert- y como la
roca era tan grande, no dejó pasar más agua. Se formó
entonces una piscina y el agua acumulada reventó el muro
de contención del otro lado de la carretera, y cuando
cayó el muro, se llevó con él la mitad de la vía al
barranco.
En el caso de la autopista
que comunica a Bogotá con los otros municipios de la
sabana, se ha armado gran alboroto y han sido señalados
varios culpables: desde la falta de dragado del río o el
mal manejo de la ronda del mismo, hasta el muro que
construyó la Universidad de la Sabana para evitar que se
inunde su sede. Pero en este caso, además, el gran
problema de la carretera es que está construida debajo
del nivel de inundación del río, como lo dijo la
Asociación de Empresarios de Chía. ¿Por qué les dejaron
a los concesionarios diseñar así esa vía, se pregunta
uno de sus voceros.
En otro punto del país, en
la también muy importante vía que lleva a Buenaventura,
en el tramo de Loboguerrero, los derrumbes se han
convertido en crónicos. El último ocurrió el sábado de
la semana pasada y el alud arrastró una buseta con cinco
personas. En este caso ha cobrado fuerza la hipótesis de
que los deslizamientos se deben a la exploración ilegal
de oro en la parte alta de la montaña.
Y como si eso fuera poco,
ahora el gobierno también ha descubierto que las vacas
son un gran peligro para la salud de las carreteras del
país. La vía Mariquita-Manizales, que sirve como plan B
para el flujo de carros por el cierre de La Línea, "está
derretida desde Manizales hasta el Páramo de Letras
-como dice el propio ministro Germán Cardona. En esa
sola carretera, en unos 22 kilómetros, vi 15 fallos",
añade. Y explica que todo se debe a que hay un excesivo
pastoreo en los terrenos encima de la carretera.
El ministro se refiere a
que el ganado no solo deteriora la capa vegetal, sino
que sus deposiciones no permiten que se filtre
debidamente el agua y pueden provocar acumulación y
deslizamientos. Esa es parte de la explicación que
también se da para justificar la avalancha que destruyó
la planta de abastecimiento de agua potable de
Manizales, que tuvo a esa capital casi dos semanas a
secas. Y también es la misma conclusión a la que ha
llegado la alcaldesa de Cartagena, Judith Pinedo, para
entender por qué la carretera que comunica a Cartagena
con Barranquilla se rompió a la altura del barrio El
Pozón. A pesar de que esa calzada se había construido
recientemente, es posible que por el uso que hacen
ganaderos y agricultores de las escorrentías y los
arroyos, el agua se represó y cuando buscó por dónde
salir el box culvert no resistió.
Estos son apenas seis
ejemplos que demuestran que no todo es culpa de San
Pedro. "Mientras tengamos pastoreo excesivo, sembrado de
cultivos sin control de aguas lluvias, así como no
canalización y revisión de las aguas de los vecinos de
todas estas vías, no habrá carretera que resista",
concluye el ministro Cardona.
¿Pero quién es entonces el
culpable? El gobierno, contrario a lo que muchos creen,
ha hecho un importante esfuerzo a través de Colombia
Humanitaria, que se creó hace exactamente un año para
atender la crisis provocada por el invierno. Si bien
tuvo un arranque a paso de tortuga y se demoraron en
cogerle el tiro al esquema de gestión, en los últimos
tres meses se ha aplicado un plan de choque que ha dado
mejores resultados, y de las 4.250 obras que se
aprobaron para mitigación de los efectos de las lluvias
-por 1,65 billones de pesos- 400 ya están terminadas,
680 están a punto de terminar y la inmensa mayoría
llevan más de la mitad del trabajo.
Eso quiere decir, por
ejemplo, que ya cerraron 168 de los famosos "chorros"
que provocaron graves inundaciones en la primera ola de
invierno. Y si bien hay problemas que la misma Colombia
Humanitaria ha denunciado en 74 de las obras, por
lentitud o negligencia de alcaldes y gobernadores,
también es cierto que sin las obras que ya se han
terminado podría ser más trágico el balance de esta
nueva oleada invernal en Colombia.
En cuanto al Ministerio de
Transporte, si bien la Contraloría está investigando
hasta qué punto le faltó prevenir el daño en algunas
vías críticas y es cierto también que hay un atraso
histórico en la infraestructura vial del país que no se
resuelve de la noche a la mañana, sería equivocado no
reconocer el trabajo desplegado por esa cartera con
cerca de 7.500 hombres y unas 750 máquinas pesadas, para
reparar lo más pronto posible las carreteras
destrozadas.
¿Quién responde por el
adecuado manejo ambiental de los terrenos que rodean las
carreteras? ¿Quién tiene que controlar el pastoreo
excesivo, la minería ilegal y hasta la explotación legal
de cultivos que puedan afectar las carreteras?
Todos los ojos se dirigen
a las CAR. Y el país entonces vuelve al mismo escenario
de hace un año, cuando el presidente Juan Manuel Santos
les jaló las orejas diciendo que debían tener más
previsión, que debían haber invertido más y ser más
eficientes.
Las CAR son 33 en todo el
país y deben velar por el medio ambiente de cada una de
sus regiones. La reflexión simple es que fueron
capturadas por los políticos para alimentar su clientela
y que por eso no funcionan. Sin embargo, la realidad es
que tradicionalmente el gobierno central las ha
entregado a congresistas para que pongan allí sus cuotas
políticas. Hasta hace poco manejaban detrás de escena
los hilos de las CAR los García Romero, en Carsucre y
Corpomojana; López Cabrales, en la Corporación de los
Valles del Sinú y San Jorge (CVS); Juan Manuel Corzo, en
Corponor, la de Norte de Santander, o se presentaba una
puja entre Juan Carlos Martínez, desde La Picota, y los
congresistas de La U Dilian Francisca Toro y Roy
Barreras, por la Corporación del Valle del Cauca (CVC).
El gobierno nacional ha cambiado en algunos casos el
poder de ciertos políticos cuestionados en estas
corporaciones regionales, pero sin duda está lejos de
poder presentarlo como su mayor logro.
Por eso, después de
fracasar en el intento de modificarlas vía decreto, el
ministro de Interior, Germán Vargas Lleras, volvió a
anunciar que en marzo quedará radicado en el Congreso el
proyecto para cambiar las CAR. ¿Por qué el gobierno no
les puso el tatequieto antes? ¿Por qué se esperó a que
volviera el invierno? Todavía el Estado colombiano está
en mora de demostrar que ya está listo para enfrentar el
desafío histórico que le plantea el cambio climático.

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