Evocaciones
de un
viejo
matarife
a
puertas
del
cierre
de
mataderos
en
Atlántico
Foto:
Carlos
Capella/EL
TIEMPO
El
Gobierno
busca
reglamentar
este
tradicional
negocio
para que
el
sacrificio
de
animales
se haga
bajo el
cumplimiento
de
normas
mínimas
de
higiene
ni
controles
sanitarios
A
las 11
de la
mañana,
en la
puerta
de la
casa del
viejo
Tomás
Escamilla
ondea
una
bandera
roja,
colgada
en un
árbol de
matarratón,
que
anuncia
a los
habitantes
de Campo
de la
Cruz que
todavía
hay
carne.
El
expendio de Tomás, ubicado en el centro del pueblo,
mantiene a la vista un trozo de carne colgado de un
gancho. Es de una res sacrificada en el patio de una
casa escondida. El hombre, de 75 años, es uno de los
últimos matarifes que sobreviven en Campo de la Cruz.
Esta población vive en carne propia el desplome de un
negocio tradicional, que mantiene en el sacrificio de
ganado domiciliario, algo más que un hábito de
generaciones pasadas.
Hoy, el Gobierno busca ponerle 'tatequieto' a este
negocio, pues, según un estudio de la Gobernación del
Atlántico, de las 1.000 cabezas de ganado que a diario
se sacrifican, el 65 por ciento se hace de forma ilegal,
es decir, en fincas, potreros y hasta patios de casas,
sin el cumplimiento de normas mínimas de higiene ni
controles sanitarios.
Así
lo reconoce Tomás, que con 56 años de experiencia en el
oficio, confiesa que, como el matadero del pueblo lo
sellaron, le tocó buscar un lugar donde hacer los
sacrificios.
Mataderos regionales
De los
22 mataderos del departamento, 16 fueron sellados, y
sólo 6 tienen condiciones higiénicas para operar.
El
alcalde de Sabanalarga, Carlos Roca, aseguró que la
infraestructura de la mayoría de las plantas de
sacrificio animal de los municipios se encuentra
deteriorada.
Pero
el problema no es sólo en los pueblos: en Barranquilla,
no es raro encontrarse con ventas de carne informal.
El
problema es tan visible, que ya las autoridades del
Atlántico comenzaron a concertar salidas a la
problemática.
La
Secretaría de Desarrollo Económico propone el
funcionamiento de mataderos regionales. Para ello
estarían listas las plantas de sacrificio que reúnen las
condiciones: Frigobcol, de Malambo; Agropecuaria Santa
Cruz, de Malambo; Matadero Moderno, de Soledad;
Agropecuaria Jaicar, de Sabanalarga; el de Repelón y
Camagüey, de Galapa. En los municipios se construirían
expendios, que serían surtidos por estas plantas.
"La
capacidad que tenemos ahora instalada nos garantiza para
por lo menos 15 años más sin necesidad de instalar
nuevos mataderos en el Atlántico", explicó el secretario
de Desarrollo, Luis Humberto Martínez.
"Se
puede llegar, a través de cuartos fríos, a tener unos
mataderos regionales para atender la demanda. Con ello
mejoramos la salubridad y la alimentación de la gente",
dijo el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano.
La
buena noticia para Tomás y los matarifes del
departamento es que ellos se capacitarán para manejar
estos expendios, cuya inversión va entre 150 millones,
para los pequeños, y 350 millones de pesos, para los más
grandes.
"Este
es un buen negocio, deja para uno medio vivir, pero hay
un detallito jodido: aquí, en este pueblo, es puro fiao",
dice el viejo matarife, en medio de las risas, mientras
afila su cuchillo.
LEONARDO HERRERA D.
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
CAMPO DE LA CRUZ (ATLÁNTICO)