|

Guerra al robo de
celulares: la llamada que no tiene espera
www.elheraldo.com.co
Foto El Heraldo
El comercio de teléfonos celulares robados y de
contrabando es un pulpo que ha ido extendiendo sus
tentáculos
a muchos puntos de la ciudad.
Guerra al
robo de celulares
En ese escenario, Fedecafé se ha convertido en su
‘central de inteligencia’, una especie de Paul
mundialista capaz de adelantarse al futuro del mercado y
romper todos los pronósticos alentadores de la
tecnología, la ley y las autoridades. Pero, a pesar de
las condiciones adversas, algunos, incluido el
comandante de la Policía Metropolitana, general Óscar
Pérez, están dispuestos a jugarse su suerte dando la
batalla contra la ilegalidad.
Dos pisos del reconstruido
edificio administrativo de la Federación Nacional de
Cafeteros y más de 500 locales parecen no ser
suficientes para el gran número de clientes.
Cientos de hombres y
mujeres se arremolinan en los estrechos pasillos. Detrás
de los mostradores repletos de mercancía de procedencia
dudosa en alto porcentaje, jóvenes de camisas apretadas,
jeanes a la última moda y zapatos deportivos, que lucen
como incipientes capos del comercio, se arrellanan sobre
altas sillas.
Un mercado persa en pleno
Paseo de Bolívar que no duerme.
Una
bolsa de valores criolla repleta de ‘corredores’
insaciables y oportunistas. El refugio de ladronzuelos
de esquina y la excusa comercial para otros. Fedecafé,
el más grande centro de compra y venta de teléfonos
robados de la Región Caribe, y según los expertos, el
segundo del país después de los Sanandresitos de Bogotá,
amplía día a día su cobertura bajo la alcahueta actitud
de la ciudadanía.
El círculo de la
ilegalidad. 72 horas después de que 300 miembros de la
Policía Fiscal y Aduanera, en coordinación con personal
de la Dian, allanaran las instalaciones, todo parece
volver a la normalidad.
Para algunos críticos el
saldo de 357 celulares, 1.200 cargadores, 5
computadores, 13 aparatos liberadores de banda y 11
borradores de software incautados en el desarrollo de la
Operación ‘Corsario’ son solo una pequeña muestra de la
dimensión del problema.
El general Pérez habla con
preocupación sobre los altos índices de hurtos,
especialmente de teléfonos celulares, que se vienen
registrando en el área metropolitana de Barranquilla.
Pero asegura que operativos como el de esta semana son
solo el comienzo de una fuerte ofensiva contra el
negocio ilegal.
“El gran problema es que
mucha gente ya no denuncia este tipo de hechos. Entonces
se incrementa la percepción de inseguridad. Para algunos
un teléfono puede ser muy poco pero para otros es muy
significativo, incluso puede ser su medio de trabajo”,
indica el oficial.
Un hombre menor de 25
años, delgado y con rostro de niño obediente es el
miembro de la Policía Metropolitana que más sabe sobre
delitos informáticos en la ciudad.
El patrullero Martínez*,
quien ha recibido cursos internacionales en informática
forense, identificación de evidencia digital,
confiscación y recopilación de evidencia digital y
actualizaciones con la mismísima Microsoft cada día se
sorprende más con la capacidad de innovación de las
mafias colombianas.
Para Martínez el negocio
de los teléfonos robados es un círculo vicioso que
incluye al ladrón y la posibilidad que tiene de venderlo
en lugar fijo, el comerciante ilegal como intermediario
oportunista y el cliente inescrupuloso.
Basta un corto recorrido
por el ‘centro de negocios’ para notar lo variopinto de
los compradores. Desde altos ejecutivos, grupos
familiares, empleados públicos hasta comerciantes
mayoristas provenientes de municipios vecinos se
tropiezan en los callejones de Fedecafé.
Sí a eso le sumamos la
gran rentabilidad, completamos una formula mágica muy
difícil de quebrar.
“Para evitar ser
aprehendido con el elemento hurtado el delincuente trata
de venderlo en el menor tiempo posible y a precios muy
bajos. Por ejemplo, un BlackBerry es comprado en el
mercado negro en un promedio de $50 mil y revendido
entre $200 y $300 mil. A eso se le suman los adicionales
como actualizaciones o accesorios”.
Martínez piensa que a eso
se debe el acelerado incremento de capital de los
comerciantes de Fedecafé, “quienes en muy poco tiempo
pasan de humildes ‘comisionistas’ a mayoristas
importadores”.
‘Chamos’, chinos e incas.
En el mercado actual mandan los teléfonos denominados de
‘alta gama’. Las marcas BlackBerry, Sony de última
generación, Samsung Touch y LG son los más apetecidos.
Entre los extranjeros los
teléfonos chinos desbancaron del primer lugar a los
venezolanos y peruanos, registrados en las empresas
Movitel y Claro, respectivamente. El negocio rompió
todas las fronteras, el tráfico ya es una red mundial,
que incluye hasta intercambio de programas y equipos
para la liberación de los celulares. El famoso Imei
–identidad del teléfono– y la Sim Card son un chiste
flojo para los ‘serios’ técnicos de Fedecafé.
“El proceso consiste en
liberar el sistema operativo del aparato para que este
pueda ser utilizado para cualquier empresa –explica
Martínez–. La intención de minimizar el delito a través
de estandarización y exclusividad de programas por parte
de las compañías es burlada por el mercado”.
Los programas con los
cuales se conectan los teléfonos a los computadores
donde se realiza el desbloqueo de las claves o códigos
de encriptación ya son comunes. Todos son ilegales,
varios de ellos creados por ingenieros colombianos.
A algunos, como un
colmenero de Fedecafé que prefirió mantener su nombre en
reserva, se le han logrado escabullir al ‘pulpo’. En un
anterior allanamiento, la Policía le había decomisado
más de $6 millones en mercancía pirata. Eso le sirvió
para legalizarse, cosa que se “autoagradeció” el jueves
pasado, cuando los agentes encontraron todo en regla en
su negocio. Normalizarse pagó mucho más.
*Nombre cambiado
Hasta 8 años de cárcel
Son tres tipos de delitos por los cuales podrían ser
judicializado los comerciantes de celulares robados:
violación a los derechos patrimoniales de autor, el uso
de software pirata y el hurto. Quien lo compra puede ser
tipificado por receptación. Las penas podrían llegar
hasta los 8 años.
Expertos en informática de
la Policía Metropolitana de Barranquilla dicen que el
80% de los denominados SAI que existen en los barrios
populares realizan negocios ilegales con teléfonos
robados. “La fachada es el denominado servicio técnico o
el servicio de Internet”.
La modalidad más común de hurto es el raponazo y casi
siempre las víctimas ya han sido estudiadas por los
ladrones.
Por Rainiero Patiño
Martínez

|